CIUDAD DE MÉXICO, 16  de abril.- Un ataque de ira, acaso consecuencia de un diálogo poco amigable en el campo rival, terminó con la última participación de Zinedine Zidane en la historia de los Mundiales.  

Ocurrió en la final de Alemania 2006: la versión apunta que Zizou, molesto por sufrir constantes agarrones de camiseta por parte del italiano Marco Materazzi, le dijo irónicamente después de una jugada: ‘No insistas. Si la quieres, te la doy después del partido”. La respuesta, sin embargo, rebasó la burla y tocó asuntos personales que le hicieron perder el control al genio francés. ‘Preferiría a la p... de tu hermana’, contestó Materazzi.

Zidane mordió el anzuelo.  Al escucharlo se olvidó del futbol y de todo lo que le rodeaba. Frenó su carrera y  regresó a encarar al defensor italiano, impidiéndole decir más con un cabezazo céntrico y fuerte hacia el pecho, como si estuviera rematando un pase desde la esquina.

El golpe fue tan rápido e imprevisto que ni las cámaras de televisión lograron captarlo de forma directa. Segundos después del silbatazo, la repetición no dejó lugar a dudas.

Con el apoyo de su asistente Darío García, el árbitro argentino Horacio Elizondo destapó la tarjeta roja de su bolsillo y puso fin a la carrera de Zidane, quien hasta entonces había sido el mejor futbolista del torneo.

Fue un error, quizá hasta una debilidad, pero la selección de Francia no pudo cubrir su ausencia y acabó perdiendo la final en la tanda de penales (5-3) ante la escuadra azzurra.

En dicha Copa del Mundo participaron 32 equipos y se disputó en un formato de ocho grupos de cuatro, siendo los dos mejores clasificados los primeros en llegar a octavos de final. Se marcaron 147 goles, con Alemania a la cabeza de los máximos romperredes (14) y Miroslav Klose como líder de en ese rubro (cinco tantos).

Surgieron los primeros Fanfest, en los cuales los aficionados que no tenían entradas para los partidos podían reunirse para verlos en pantallas gigantes.

Un simpático León, Goleo VI, y su fiel acompañante, la pelota parlante Pille, fueron presentados como las mascotas oficiales. No obstante, la empresa responsable de su creación, Jim Henson,  entraría en una crisis financiera tiempo después por el escaso éxito de comercialización.

Italia calificó al Mundial en medio de un escándalo sin precedentes en su torneo local. Pocos días antes, varios equipos de la Serie A sufrieron duras sanciones por un caso de fraudes arbitrales, entre ellos la Juventus, el Milán, la Fiorentina, la Lazio y el Reggina.

Todo apuntaba a que el Mundial de 2006 sería organizado por un país africano, pero la presencia de Franz Beckenbauer terminó inclinando la balanza a favor de Alemania, por encima de Marruecos y Sudáfrica.

Además de expulsar a Zidane, Horacio Elizondo se convirtió en el primer silbante argentino en dirigir la final de una Copa del Mundo. Ronaldo anotó tres goles y superó la marca de Gerd Muller como el jugador con mayor cantidad de tantos acumulados en los mundiales (15).

La selección mexicana calificó como primer lugar de la Concacaf bajo el mando del técnico argentino Ricardo La Volpe, ganando sus seis compromisos del hexagonal y con un registro avasallante en la diferencia de goles: 27 a favor y sólo uno en contra.

El Tri avanzó a los octavos de final de la Copa como segundo lugar del Grupo D, detrás del líder Portugal, tras ganar, empatar y perder un partido. Como siguiente adversario se encontró a Argentina, cuyo pase a semifinales logró gracias a un golazo de Maxi Rodríguez cuando el partido parecía alargarse hasta la tanda de penales.

La Albiceleste contaba entre sus filas con Hernán Crespo, Juan Román Riquelme, Carlos Tévez, Pablo Aimar y Lionel Messi, todos dirigidos por José Pékerman, pero cayó en cuartos de final ante los anfitriones (4-2) desde los once pasos.

La batalla de Nuremberg, entre Portugal y Holanda en los octavos de final, fue el partido con mayor cantidad de sanciones en la historia. Dieciséis tarjetas amarillas y cuatro rojas mostró el árbitro ruso Valentin Ivanov.

El tercer lugar del Mundial quedó en manos de Alemania, luego de imponerse a Portugal por 3-1 tras haber sido eliminado en semifinales por Italia.

De tal forma Francia, que había dejado en el camino al conjunto luso, y la escuadra azzurra llegaron a la misma cita en el Estadio Olímpico de Berlín. Ahí donde los italianos retiraron a Zidane y consiguieron el título.

 

Si los árbitros fueran más volterianos...

 

Soy un amante de la verdad, pero en ningún caso del martirio.

Voltaire

> La verdad, para Voltaire, tiene un límite práctico: el pellejo. Voltaire fue siempre muy conservador y sensato. Si los árbitros de futbol fueran más volterianos y precavidos se conseguiría desterrar, de una vez para siempre, la fea costumbre de ahorcar árbitros de futbol (uso que tanto desdice del espíritu olímpico de jugadores, federativos y aficionados en general, casados o solteros). Bueno está pitar penaltys (debería decir uno de los árbitros del reglamento), pero cuando, por pitar penaltys, se corre notorio riesgo de terminar ahorcado, el árbitro debe abstenerse de pitar penaltys, castigo que puede substituirse por el golpe franco o incluso por el disimulo, según las circunstancias. El reglamento precisa de una muy urgente revisión; no hay duda de que ha ido quedando viejo e inservible.

- ¿Y usted cree que se llegará a conseguir que lo revisen?

- ¡Vaya usted a saber! La gente está demasiado apegada a la costumbre, la gente es muy rutinaria y palurda, muy resignada y cómoda; a la gente no le gusta que las cosas se muevan y prefiere que sigan como están, aunque estén mal ¡Menuda es la gente!

A Minervino Caeymaex Cabrillas, alias Gazapo, árbitro de futbol, lo colgó el paisanaje de la horca municipal, de la horca levantada por suscripción entre los electores padres de familia. Minervino Caeymaex Cabrillas, alias Gazapo, árbitro de futbol, pitó un penalty al equipo de casa y pagó su osadía con la vida. A lo mejor, de haber leído a Voltaire, a estas horas andaría por ahí tan tranquilito y como si tal cosa: gozando de una existencia normal, de una existencia de boticario o de inspector de timbre, y haciendo de todo, ¡ténganlo por seguro!, menos pitar penaltys.

                      

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> Varios cientos de miles de españoles, a lo mejor varios millares de miles, salen los lunes precipitadamente de sus casas, atropellando a los viejos y sin despedirse de la mujer ni de los niños, incluso sin desayunar siquiera y hasta sin lavarse, para cazar a tiempo el codiciado pajarito que dicen la Hoja del Lunes (con el resultado de los partidos de futbol), el pasto espiritual que ha de servirles de sustento durante toda la semana. Después, cuando confirman lo que ya oyeron por la radio y vieron con sus propios ojos que se ha de comer la tierra, por la televisión (esto es, que no acertaron sino siete resultados), se llegan, arrastrando los pies con disimulo, hasta la oficina, a comentar las incidencias.

Varios cientos de miles de españoles, a lo mejor varios millares de miles, aplican sus energías de los lunes, los martes y los miércoles a glosar los lances del partido de futbol que ya pasó, y sus arrestos de los jueves, los viernes y los sábados a predecir los aconteceres del partido de futbol que está al caer. Los domingos, descansan y van al futbol: a sufrir o a solazarse, honestamente, viendo sufrir a los demás.

Varios cientos de miles de españoles, a lo mejor varios millares de miles, guardan su corazón envuelto de por vida en la Hoja del Lunes, igual que el colofón del librillo que aquí cerramos con las palabras que pronunciara Rabelais, muerto de risa, en el momento de morir: ¡Bajad el telón! ¡Se acabó el sainete!

Palma de Mallorca, 24 de septiembre a 4 de octubre de 1963

 

- Fragmentos tomados de
“El Holocausto”  y  de “Colofón envuelto en la Hoja del Lunes”, relatos incluidos en Once cuentos de futbol