CIUDAD DE MÉXICO, 15 de abril.- “¿Ven a ese jovencito?”, pregunta Mario Zagallo a los representantes de los medios de comunicación que se dan cita a uno de los entrenamientos de la Selección de Brasil, en Estados Unidos 1994. Los brasileños asienten, pero los del resto del mundo se intrigan. “En el próximo Mundial (Francia 1998) va a ser la estrella. Ahorita no lo metemos porque no queremos echarlo a perder, lo traemos para que se vaya ambientando al Mundial. Recuerden su nombre, se llama Ronaldo. En el futuro todos hablarán de él”, agrega el Velho Lobo para que no se abra paso a las especulaciones.

Zagallo, auxiliar técnico de Carlos Alberto Parreira en la Copa celebrada en territorio norteamericano, está convencido de que el joven de 17 años se convertirá en un referente del futbol mundial cuando haya madurado física y mentalmente y por eso lo presume. A lo lejos, el delantero practica tiros libres junto al cañonero Dunga.

Sin embargo, la premonición de Zagallo no se cumple en el tiempo que ha estipulado, aunque sólo se equivoca en eso. El nacido en Río de Janeiro se convertirá en el máximo anotador en las Copas del Mundo, con 15 tantos acumulados, con su cúspide en Corea-Japón 2002.

El Fenómeno juega todo el Mundial de 1998 infiltrado por una tendinitis en las rodillas, marca cuatro goles, pero su episodio más recordado se da en la víspera de la final de la Canarinha ante Francia por sufrir un ataque  de epilepsia. Menos de 24 horas después, el equipo blue vence 2-0 para ganar su primera Copa. El joven promete redimirse, sin imaginar los complicados años que están por llegar.

A partir de  1999, el atacante resiente todo el trabajo físico que ha acarreado desde su niñez, especialmente el que realizó en el PSV Eindhoven, club en el que desarrolló una musculatura incompatible con su estructura ósea de las rodillas. La culpa es de los anabólicos. El 21 de noviembre, durante un Inter-Lecce, se rompe un tendón de la rodilla derecha para comenzar un calvario que se prolonga durante dos años.

Ronaldo regresa a la actividad el 12 de abril del 2000, para disputar  siete minutos frente a la Lazio en la final de la Copa Italia, en la jornada que más especulaciones desata. Se cae al suelo, grita, llora... La rodilla claudica nuevamente. La imagen le da la vuelta al mundo y lleva a pensar que la carrera del delantero se ha terminado.

El delantero debe entrar a quirófano de nueva cuenta, aunque esta vez su recuperación es más lenta. Participa en un partido oficial el 19 de septiembre de 2001, juega 27 minutos ante el Brasov en la Copa de la UEFA, aunque las buenas sensaciones se difuminan ocho días después. En el juego de vuelta ante el equipo rumano sufre un estiramiento del bíceps femoral y debe  parar otra vez.

El atacante se inspira en el amor que tiene por el futbol y el apoyo de su familia para buscar retomar su sitio, sin importar el pesimismo que lo rodea. Lo logra. En diciembre ya es titular con el Inter y marca su primer gol en un juego oficial después de dos años para poner fin a su periplo. Es tiempo de ilusionarse con jugar en otro Mundial. 

Ronaldo, no obstante, debe reinventarse para continuar como un jugador de élite y lo más notorio en su juego es que pierde su explosividad para transformarse en un nueve fijo.

Pero junto a jugadores como Rivaldo, Cafú, Roberto Carlos, Denilson, Lucio, y los incipientes Ronaldinho y Kaká, el nuevo Ronaldo cuenta con las armas para triunfar en la selección de Brasil. El técnico Luiz Felipe Scolari delineó su parado con él en la punta sin importar las críticas que le pudiera acarrearle. Prefiere no llamar a Romario y sí a un futbolista proclive a las lesiones. La apuesta del estratega es exitosa. La decepción en territorio galo tiene su recompensa en el Mundial de 2002.

El Fenómeno marca ocho tantos en la justa para convertirse en el campeón de goleo. En la primera ronda, hace uno en el triunfo de 2-1 frente a Turquía,  otro en la goleada de 4-0 ante China y dos en el 5-2 sobre Costa Rica. En los octavos mete uno más en el 2-0 sobre Bélgica. En la semifinal aumenta su marca en el 1-0 contra Turquía y en la final frente a Alemania es el encargado de arrodillar a sus rivales con un doblete para dejar el marcador 2-0.  Sólo no se hace presente en la ronda de cuartos en el partido contra Inglaterra. 

Al final, el Lobo Zagallo acertó en su presagio de que Ronaldo sería una gran figura del Mundial. El alumno de Jairzinho correspondió a su palabra. 

 

“Acá son distintos, tienen otra cultura”

Al Foca lo conocí en una sala de espera del aeropuerto de Kuala Lumpur. Ya llevábamos como treinta horas de viaje y todavía nos faltaban diez o doce: La ruta a Japón puede ser infinita.

- ¿Ustedes son periodistas?

Preguntó el Foca y yo y dos más le dijimos que sí. Yo estaba volviendo al periodismo deportivo, o algo así: iba a cubrir el Mundial 2002 para un programa de televisión. Después le preguntamos si él también. Era, de alguna forma, gentileza: no lo parecía.

- No, yo soy hincha de Boca.

El Foca era tamaño familiar, marocho, buena panza, y estaba yendo a Tokio con sus amigos M. y M.; los tres habían conseguido -vaya a saber cómo- una cantidad de entradas para el Mundial y viajaban por razones de trabajo: para hacerse unos miles revendiendo. En aquella escala nos contaron un par de historias -y lamenté mucho no poder grabarlas. Después, ya en el aeropuerto japonés, un raro nipón vino a buscarlos en una camioneta pintada de azul y oro con estrellas; el Foca me pasó un número de celular y quedamos en quizá llamarnos. Pocos días después Julio Grondona salió en Clarín diciendo que no había barras argentinos en Japón. Yo lo leí, pensé que no era muy cierto y llamé al Foca:

-Hola, Bigote, cómo estás.

-Bien y vos.

-Bien. ¿Estás en tu hotel?

-Sí.

-Ah, entonces aguantá que vamos para allá.

Me dijo, antes que yo pudiera decirle que quería entrevistarlos. Media hora después los tres bosteros estaban con sus bolsos en la vereda de mi hotel de Roppongi:

-Che, estamos en bolas. Todavía no pudimos vender nada y no tenemos un mango. Nos tenés que hacer un gran favor.

El Mundial no había empezado -y el negocio de reventa tampoco. Era casi lógico que no tuvieran fondos.

-Sí, Bigote, tenés que aguantarnos dos o tres días en tu hotel.

-Pero hermano, mi habitación es así chiquita, no hay lugar.

Es cierto que yo tenía ciertos prejuicios.

-No seas hijo de puta, Bigote, vos también sos bostero, no nos podés dejar así en la calle. También eso era, de alguna forma, cierto. El Foca, M. y M. llegaban a mi pieza sin que nadie los viera y dormían en unos almohadones en el suelo. Tres noches compartimos el albergue: en esos ratos los escuché contar historias de la Doce -donde llevaban muchos años aunque ninguno tuviera más de treinta. Antes de que se fuesen les grabé la entrevista:

-El grupo nuevo quiere tratar de que no haya mucha violencia. Es más fiesta, queremos que Boca gane y hacemos fiesta en la tribuna y nos vamos a nuestras casas.

-Pero a veces hay goma.

-Sí, a veces sí, pero se puede evitar, este grupo que hay nuevo lo puede evitar.

-Al final son más buenos que Lassie...

-No, no somos tan buenos. Pero ahora está muy controlado, hay mucha policía en las canchas, los pibes están muy marcados. Después me dijeron que aunque los ingleses fueran diez veces más, ellos el jueves no iban a correr porque Boca no corre y que si estaban en el suelo se iban a levantar y seguir peleando aunque estuvieran por matarlos y que si podían ver los partidos todo bien pero que habían venido para hacer diferencia y que lo que más les impresionaba de Japón era su cultura:

-Ellos tienen cultura, son muy tranquilos, no se enojan por nada. El otro día viajamos en tren y nos colamos, como todo un argentino. Y cuando quisimos salir teníamos que pasar unos molinetes y les dijimos que perdimos el boleto y fueron muy amablemente a hacernos pasar. Si estaríamos en Argentina te hacen pagar el doble o te coimean o te quieren llevar en cana. Acá son muy distintos, tienen otra cultura. A mí me gustan. 

- Fragmento tomado de Boquita