CIUDAD DE MÉXICO, 8 de abril.- Esta historia se escribió hace 25 años, en Asunción, Paraguay.  Por aquellos días don Carlos encargaba el taller de carpintería al pequeño Dante López, siempre y cuando el balón estuviera lejos y la distancia para entregar pedidos fuera corta. Dante quería ser futbolista, sobre todo de los que hacen goles, pero su inquietud por hacer porterías con botes de pegamento no dejaba trabajar tranquilo a su papá.

¿No quebró mucha madera?

Creo que no (risas). En lo que podía trataba de ayudarle, ya sea con herramientas o llevando madera, mientras él se apresuraba a terminar rápido los trabajos para llevarme a jugar futbol. No tuvimos la comodidad necesaria, pero siempre lo arreglábamos.

Seguro don Carlos era más paciente en los partidos...

Me acompañaba siempre, pero fue hasta que empecé a meter goles que se dio cuenta que las cosas iban en serio. Era muy difícil en ese tiempo ser futbolista en mi país; no había cómo, económicamente, y no tuve un allegado que antes lo fuera. Desde chico uno tenía que buscarse la forma de sobrevivir: era como tirarte a ciegas y ver si llegabas al objetivo... o no.

Al menos con Pumas ya lo hizo un par de veces.

Mucho tuvo que ver lo que viví antes. Llegué muy joven a México, aprendí mucho de los jugadores de experiencia, como Darío (Verón), (Francisco) Palencia y Sergio Bernal, y tomé lo mejor de cada uno. Fueron dos campeonatos inolvidables (Clausura 2009 y Clausura 2011) con Tuca (Ferretti) y Memo (Vázquez).

Ambos tenían un gran conocimiento de la institución.

Sin duda  (hace pausa). Pero no creo que debamos tener un técnico de la casa para ser campeones. Ayuda mucho que alguien conozca cómo es el club desde el fondo, pero, por ejemplo, José Luis (Trejo) ahora tiene gente que estuvo por varios años en Pumas y que entienden cuál es la filosofía. Depende mucho de nosotros también.

¿Por qué aceptó volver?

Era una manera de demostrarle a la gente el cariño que tengo por esta institución. Nunca hubo otra intención. Vine con ganas de revivir todos esos momentos que tuve alguna vez con esta camiseta.

Pero, en ese tiempo, parte  de esa misma gente lo abucheó y pidió su salida...

Creo que las injusticias son parte del futbol. Uno tiene que estar preparado para saber que en cualquier momento se puede presentar. No siempre se puede llenar el ojo de todos. Todos ven el futbol desde diferente forma. Yo respeté en su momento los abucheos, nunca dije nada y no pienso hacerlo ahora. Son cosas de la gente. Les tengo un respeto muy grande. A mí me toca hablar en la cancha.

¿Con goles?

Siempre. Se me ha complicado un poco desde mi regreso, pero ya se están dando. No ha sido fácil, porque la presión está ahí y el público te exige día a día. La única forma de cambiar la imagen es mejorar la actitud, que es lo que ellos están pidiendo.

A Pumas le piden garra.

Puede ser que se hayan desviado algunos valores de este club, pero la garra y la mística siempre han estado ahí.  El regreso de Leandro y el mío se deben precisamente a la filosofía que tiene este club. Se estaba buscando encontrar la mezcla perfecta, juventud y experiencia, tal como pasó en los dos torneos que me tocó estar antes. Por ahora ya estamos cerca del primer objetivo, que es llegar a la liguilla.

Además del futbol y la carpintería, ¿queda por nombrar alguna otra pasión?

Los leones. Son animales que me gustan mucho por todo lo que representan. Son los reyes de la selva y no precisamente porque sean los más poderosos. Ellos tienen la necesidad de mantener su nombre bien arriba, como yo he tratado.