CIUDAD DE MÉXICO, 2 de abril.- De un tiempo a la fecha el nombre de Michael Orozco ha tenido mucho que ver con México. No significa nada más que sus raíces son de este país, aunque defienda futbolísticamente los colores de Estados Unidos, ni tampoco que juegue en la Liga MX desde hace siete años.

Sin riesgo, el futbol se vuelve pura monotonía. Tal vez por eso en un amistoso contra México se sumó al frente. “Estaba fresco, podía regresar a defender si era necesario, pero algo me hizo quedarme en el área. Mandaron el centro, volteé de repente y me encontré la pelota para meterla. Celebré el gol con un grito muy fuerte, pero no lo hice por faltarle el respeto a México. Mis padres son de este país y juego en su liga con honor”, dice Orozco refiriéndose a la primera victoria en suelo mexicano que tuvieron los estadunidenses en 2012.

“Mi corazón estaba partido porque pensaba que México no iba a calificar al Mundial, era algo insensato. Por fortuna en el repechaje lo hicieron bien”.

El otro episodio que lo liga aún más con el futbol mexicano es que anotó en aquella noche ante Panamá que significó que México no quedara fuera del Mundial y se aferrara al viaje a Nueva Zelanda para pensar en Brasil. Michael Orozco anotó el transitorio 1-1; luego vendría Zusi para empatar de nueva cuenta y darle vida al Tri.

“En el vestidor, el técnico alemán Jürgen Klinsmann nos dijo que teníamos que ganarlo más allá de que teníamos el primer lugar del Hexagonal asegurado. Se acercaron varios panameños, entre ellos Blas Pérez, para pedir que bajáramos la intensidad pero les respondí que no, esto era por nosotros. De alguna manera me reconforté porque fui el villano cuando anoté el gol en el amistoso contra La Selección Mexicana pero devolvimos algo al Tri dándole vida”.

Esta semana Orozco y Beasley, del conjunto poblano, fueron el ojo del huracán por no asistir con su selección al partido de preparación de hoy en Phoenix. Consideraron que la situación crítica del equipo, que se juega la permanencia en Primera División, es más importante, aunque ello signifique perder terreno en la confianza de Klinsmann. De cualquier modo, el corazón de Orozco siempre estará dividido.