CIUDAD DE MÉXICO, 30 de marzo.-  “Tengo el mejor trabajo del mundo: soy shortstop de los Yanquis”, presume Derek Jeter sobre la actividad con la que siempre soñó desde que era un niño y a la que este año le pondrá punto final en su temporada 20 en las Grandes Ligas. El parador en corto termina con una brillante carrera en los diamantes, que lo ubica entre las máximas leyendas de los Bombarderos del Bronx como Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe Dimaggio, Mickey Mantle y Yogi Berra.

Jeter, quien cumplirá 40 años el próximo 26 de junio, ha ganado cinco anillos de campeón de Serie Mundial, tiene la marca histórica de hits de su equipo, tiene un lugar asegurado en el Salón de la Fama  y su número 2 será retirado por la novena neoyorquina.

  Mantiene, desde 1996, una fundación, de nombre Turn2, para ayudar a jóvenes en problemas de adicciones y que abarca otras campañas altruistas.

Su imagen en productos para caballeros ha sido un éxito para Avón, que  ha  tenido ganancias de 150 millones de dólares en los últimos seis años. Hace unos días la revista Fortune lo ubicó en el lugar 11 entre los líderes más influyentes a nivel mundial, una lista que fue encabezada por el papa Francisco.

  Entre otras conquistas, presume el “line up” más envidiable por cualquier rival que incluye a las parejas con las que ha sostenido  romances y en las que se contabilizan Mariah Carey, Minka Kelly, Jessica Alba, Adriana Lima, Scarlett Johansson y,  más recientemente, la modelo
 Hannah Davis, de 23 años, quien se menciona que podría ser la futura dueña de sus quincenas, las que a lo largo de su carrera suman 253 millones 159 mil 364 dólares, esto sin incluir los contratos por conceptos de patrocinios.

Derek Sanderson Jeter nació en Nueva Jersey. Su padre, Charles, es un afroamericano que se desempeña como consejero de personas con problemas con el abuso de drogas y alcohol. Su madre, Dorothy, de ascendencia irlandesa y alemana, es contadora. El jugador de los Yanquis tiene  una hermana, Sharlee, cuatro años menor.

La familia se mudó a Kalamazoo, Michigan, cuando Derek tenía cuatro años, debido a que su padre iba a cursar una maestría. Ahí tuvo sus primeros contactos con el beisbol, pero antes tenía que cumplir con excelentes calificaciones escolares.

Fue en un ensayo escolar en el que Derek predijo que algún día sería el shortstop de los Yanquis.

Jeter amaba al beisbol. Esperaba ansioso las vacaciones para poder visitar a sus abuelos en Nueva Jersey  y asistir a los partidos de los Yanquis. Su ídolo era el jardinero Dave Winfield.

Derek Jeter, al igual que Winfield, destacó en el basquetbol colegial e incluso fue nombrado el mejor de escuela y la Universidad de Michigan le ofreció una beca. Los buscadores de talento le auguraban un brillante futuro en la NBA, pero él siempre tenía la ilusión de jugar beisbol y triunfar en las Grandes Ligas con los Yanquis de Nueva York.

El ser un deportista destacado lo llevaba en la sangre. Además de su padre, quien jugó como short stop a nivel universitario, un primo de su progenitor, Gary Jeter, participó en 13 temporadas en la NFL.

La llamada esperada

Derek Jeter lucía inquieto en su casa en Kalamazoo, Michigan, en el verano de 1992. Era el día del draft de las Grandes Ligas y el ser etiquetado como el mejor prospecto era una motivación, pero al mismo tiempo le causaba pánico. Cualquiera de los primeros cinco equipos en la lista para elegir lo podría seleccionar antes del turno de sus queridos Yanquis.

El teléfono sonó y su mamá atendió la llamada... directivos del equipo de Nueva York querían hablar con su hijo. Derek, al escuchar esto, regaló una de sus clásicas sonrisas y se transformó en el chiquillo más feliz del mundo.

Los Astros de Houston, primer equipo en elegir en ese draft, decidieron no llevarse a Jeter porque pensaron que tendrían que otorgarle un bono de por lo menos un millón de dólares y decidieron firmar a Phil Nevin por 700 mil. Lo mismo sucedió con Cleveland, Montreal, Baltimore y Cincinnati, equipos que optaron por otros prospectos.

Llegó el turno de Nueva York, que decidió
seleccionar a Jeter por recomendación del scout Dick Grouch, quien había seguido de cerca al pelotero y en uno de su reportes escribió: “El destino final de este chico es el Salón de la Fama” .

Los Yanquis lo firmaron  por 800 mil dólares.

Su inicio como profesional no fue el esperado en las sucursales de Yanquis. En su primera temporada batalló con el bateo y estuvo a punto de terminar abajo de los .200 de porcentaje. Los errores a la defensiva eran constantes y muchos dudaron que ese pelotero larguirucho cumpliera a los pronósticos.

Pero Derek Jeter comenzó a trabajar horas extra para mejorar su juego. Los batazos comenzaron a llegar así como las acrobacias en las paradas cortas.

En 1995 se tomó una “tacita de café” en las Grandes Ligas al jugar 15 partidos.

En la siguiente pretemporada  convenció al nuevo manager Joe Torre, quien le dio la titularidad y nació la leyenda.

Jeter ganó el premio de Novato del Año de manera unánime en 1996. Su aporte fue definitivo para que Yanquis pusiera fin a la racha más larga sin un título en su historia que alcanzó los 18 años.

 Luego vendría el tricampeonato de 1998 al 2000 y la primera Serie Mundial que ganó Yanquis en su nuevo estadio en 2009. En todos esos títulos la figura de Jeter fue clave.

Nombrado capitán de la novena en 2003, es el pelotero de Yanquis que más años ha tenido ese honor.

En 2008 fue elegido para dar el mensaje de despedida en el último partido del viejo Yankee Stadium.

 Durante la pretemporada de este año, dio a conocer una carta en la que anunciaba que llegaba el momento del retiro. Los homenajes en todos los estadios y la inmortalidad están en el círculo de espera.