Real Madrid

Este Madrid juega al pie y al espacio. Es cautivante. Además, en la recta final del torneo tiene una salud en el vestidor que envidia hasta el mismo Barcelona, su rival en turno para dirimir al próximo campeón en España, salvo lo que diga el Atlético.

Los merengues llegan al clásico 168 en todas las competencias sin los tormentos anteriores que le acomplejaban cada vez que se medía al Barça.

Esta generación brillante de futbolistas como Cristiano Ronaldo, Pepe, Sergio Ramos, Khedira, Xavi Alonso, Marcelo o Karim Benzema han vivido oprimidos por el Barcelona al que ahora, para reivindicarse, pueden dejar noqueado en el camino por el título.

El Madrid llega con cuatro puntos de ventaja y la moral como bandera. Hay quienes son estandartes como Sergio Ramos y puntualizan con exactitud el momento: “La diferencia es que ahora al Barça los equipos le juegan si miedo. No están en crisis, nos encontraremos en la final de Copa del Rey y están en cuartos de final de Champions”.

En los alrededores del Santiago Bernabéu, lugar del clásico, proliferan los optimistas. Carlo Ancelotti está confiado de la superioridad con la que se sienten sus futbolistas: “Tenemos mucha ilusión porque hemos mejorado mucho”.

Hay otros que serán espectadores activos como Iker Casillas. El eterno capitán, hoy suplente, es el que más clásicos contra el Barça acumula, su primero fue en 2000. Hoy tiende dar consejos a Diego López, el guardián del arco blanco, pero arremete que “el clásico llegó justo como tenía que ser, con el Madrid siendo líder”.

Es la hora de la revancha para los madridistas que han comido muchas hostias de vergüenza, desde ser eliminados de Champions hasta ser goleados en los dos campos, tanto en el Camp Nou como en Chamartín, todo ello con el embrujo de la guerra fría que causaba José Mourinho en esta clase de partidos al mandar a sus futbolistas en un estado nervioso de juego.

El Real Madrid quiere recuperar su supremacía. Olvidarse del 0-3 de Ronaldinho y Eto’o y enterrar el 2-6 de Lionel Messi. Apelan al espíritu de Juanito para sacar el orgullo adelante en esta oportunidad única para arrebatar el dominió a los blaugranas.

El otro furor en juego es la pugna individual entre Cristiano Ronaldo y Lio Messi. A todas luces, el portugués llegó a la punta de la montaña en cuanto a su rendimiento. Ganó el Balón de Oro y es el corazón del equipo. Todos indican que Cristiano esta vez se hará presente más que Messi, que viene saliendo de las lesiones y las arcadas de vómito.

Las dicusiones llevan al punto referencial de que los latigazos y rapidez del Madrid serán la diferencia. Querrán hacer daño en el punto más endeble de la defensa blaugrana, aquel hueco que se desborda en el lado derecho del campo entre Piqué y Dani Alves. Por ahí intentarán, sobre todo, cambiar la historia. Presionar para tener el balón, jugar preciso y al pie y encontrar siempre a Cristiano con Bale.

 

Barcelona

Hoy más que nunca el Barcelona depende de Lionel Messi. Siempre fue el azote del Madrid en el Bernabéu, alcanzando la portería enemiga con relativa facilidad.

En 26 partidos frente al Madrid, Messi ha marcado 18 goles, 11 de ellos han valido para juegos de liga como el de hoy en donde se espera que salga de vena y de buen ánimo para crear estampas inmortales.

Hoy también el Barcelona depende más que nunca de volver a ser el Barcelona, aquel equipo sinfónico que se enchufa desde el vestidor y juega casi a ciegas.

Para eso dependerá de Andrés Iniesta, al que le falta una foto ganadora, particularmente en Chamartín. Sucede algo extraño con el cerebro del futbol español que le sintetiza como un hombre indolente en campo blanco. Este Barça lo necesita.

El equipo blaugrana requiere ser el dueño del balón nuevamente y ser valientes. Puede irse con la sensación de que el rival le superó pero no con la idea de que no hizo las labores en un clásico.

La presión será extrema sobre Neymar, que tras descansar ante el Osasuna será titular obligado y con obligaciones está vez. Con todo ello, no es discutible que la continuidad de Gerardo Tata Martino al frente de este club dependa en gran medida de la imagen que del equipo, aunque algunos jugadores como Víctor Valdés le alaben.

“Que siga Martino sería un gran acierto. Afrontamos el clásico con mucha ilusión, sabiendo que los tres puntos son importantes como lo eran los otros que hemos perdido en el camino”, contextualizó el portero.

Será el último clásico de Valdés en España. Carles Puyol ya hace maletas y Xavi medita porque al parecer una oferta de la MLS lo tiene intranquilo con su futuro en Catalunya, lo cual es un indicativo de que el tiempo de los grandes héroes en el Barcelona está pasando.

Siempre el Barça ha sido más en conjunto que uno solo; aunque en ese renglón Messi se desborde con su buena  cosecha en el Bernabéu que con Pep Guardiola, Rikjaard, Tito Vilanova y Roura, era un anexo más de La Masía.

Nunca se olvidará el campo de Chamartín aplaudiendo a Ronaldinho por ejemplo o los zizagueos y celebraciones de Messi, el cabezazo de Puyol, el listón de Piqué en el 2-6 y hasta los goles de Pedro y Alexis. Falta Iniesta por rubricar su mejor actuación después de que acaba de pasar el trago más amargo de su vida al perder a un hijo en gestación.

“Me ha dado una lección de madurez que nunca olvidaré. Ahora sé como afrontar los problemas”, dijo Iniesta.

Es el clásico del adiós para varios barcelonistas y la nostalgia comenzará a aparecer en caso de un resultado adverso.

El fin de una generación puede tener un derrape doloroso en Chamartín, la última parada para los que dejaron títulos y más títulos en las vitrinas.

“Ya no volveré con esta camiseta. Sentiré algo especial”, dijo, para finalizar, Víctor Valdés.