CIUDAD DE MÉXICO, 10 de marzo.- Messi confía en que “no es nada”, pero cuando algo se repite con frecuencia es lógico pensárselo más de dos veces. La inquietud aumenta al conocer que no se trata de momentos aislados, sino que las náuseas y los vómitos forman ya parte de la vida del delantero del Barcelona y la selección argentina. Los médicos han elaborado pruebas, especialmente estomacales, pero los resultados siguen sin arrojar una causa central y que genere evidencia. Algunos lo atribuyen al estrés y sobreesfuerzo. Sin embargo, cuando el ataque ocurre también en el hogar o en amistosos, como el Argentina-Rumania del pasado miércoles, las dudas aumentan.

La última prueba deja verse a unos cuantos meses del Mundial de Brasil: iniciado el partido ante los rumanos, Messi se acercó al banquillo, pidió una botella de agua, siguió unos minutos, se retorció, trató de taparse la boca con la manga y finalmente vomitó sobre el campo.

Tras el empate a cero en Bucarest, el rosarino dijo: “Me pasa seguido en los partidos, en las prácticas y cuando estoy en mi casa. No sé bien qué es, pero ya me hice miles de estudios y nada. Empiezan a darme náuseas hasta que termino vomitando y ahí se me pasa todo.”

En el listado de juegos en los que Lionel Messi ha dado muestras de debilidad y que están registradas en video aparecen partidos del Barça frente al Real Madrid (Supercopa 2011), Sevilla (2012), Levante (2013) y la Real Sociedad (Copa del Rey 2014) Con la selección de Argentina fue captado en encuentros contra Bolivia y Venezuela (por las eliminatorias sudamericanas 2013), y el más reciente ante Rumania (amistoso).

La historia más conocida de Messi con antecedentes médicos comenzó en septiembre de 2000, cuando tenía 13 años y medía 140 cm. de altura. El diagnóstico del endocrinólogo Diego Schwarztein hacía mención a un problema genético: la falta de hormonas de crecimiento, que derivó después en el tratamiento pagado por el Barça.

- “Doctor, ¿yo voy a crecer para poder jugar futbol?”, pregunto Messi.  

- “Tranquilo, tú vas a ser más alto que Maradona”, respondió el especialista.

Aquel diálogo esperanzador entre ambos fue retratado tiempo después en uno de los apartados del libro Lionel Messi El Distinto, editado por el diario deportivo argentino Olé y publicado en 2013. Schwarztein, quien suministró y supervisó el procedimiento hormonal de Messi, se ha dado tiempo para precisar algunos detalles relacionados con los achaques del futbolista: “Su tratamiento con hormonas de crecimiento finalizó hace alrededor de 13 años. Lo consumió por última vez seis meses después de haber llegado al Barça. No es un procedimiento que deje un efecto residual ni provoque reacciones como vómitos o náuseas”.

La evaluación del médico argentino coincide con la formulada por el doctor José Luis  Díaz, profesor del Posgrado Universitario de Cirugía General y certificado por el Consejo Mexicano de Cirugía General.

“Los vómitos son manifestaciones sicosomáticas del organismo ante una situación de estrés emocional, preocupación y ansiedad. En casos como el de atletas de alto rendimiento, estas reacciones son más comunes y se derivan principalmente por la presión a la que están sometidos”, señala el doctor Díaz. “No es un tema menor, requiere seguimiento y estudio”, refiere.

Hasta hace poco, Messi parecía no sentir presión alguna de ganar un partido o jugar bien para la gente. Para él siempre todo fue normal.

Desde pequeño pateaba cualquier objeto que le servía de pelota, andaba en bicicleta, se hacía experto en las canicas y brillaba con chicos de su edad en las categorías inferiores de Newell’s Old Boys. Cuando Diego Armando Maradona fue presentado en el club rojinegro (1993), a Messi le tocó hacer jueguitos con el balón en medio de la cancha. Apenas tenía seis años. “No sentía nervios ni presión. Es más, Leo me dijo: ‘No hay problema, lo hago con mucho gusto’. Y lo hizo también en otras ocasiones. La gente le gritaba ‘¡Maradooo, Maradooo!’”, describió alguna vez su padre Jorge, en referencia a esos días en Rosario en los que a su hijo no le pedían (casi obligatoriamente) ganar un Mundial, como el que se presentará el próximo mes de junio en Brasil.