CIUDAD DE MÉXICO, 9 de marzo.- Cuesta encontrarle una explicación definida a la forma en que el Atlas perdió la ventaja de dos goles en su campo y terminó por empatar con los Jaguares.

Le consumió la desidia al cuadro rojinegro cuando mejor jugaba y se le vino la noche con dos goles del visitante Carlos Ochoa.

Tomás Boy volverá la mirada atrás y le será difícil encontrar el momento en el que el equipo, por abrirse en ese juego vertiginoso y de espectáculo, dejó que el rival se le trepara hasta robarle un valioso punto.

Porque el Atlas lo tenía manejado a su antojo jugando bien, bonito, vistoso, ofensivo y con una alegría que no es propia para un conjunto que se juega el descenso en cada partido.

Esa algarabía lo llevó el éxtasis de dos goles. El primero de Arturo González, el chico que mejor representa actualmente la cantera inagotable del Atlas. Gran gol tras bajar un balón con el pecho.

El inicio del segundo tiempo fue lo mejor. Una gran jugada atlista culminó con un gol de Ortigoza que le provocó ilusión a todos los aficionados rojinegros.

Pero del lado chiapaneco también hubo una agitación por querer ganar el partido. Se aprovecharon para reaccionar de un penalti inventado por el árbitro Flores tras una inexistente falta de Razo a David Mendieta.

Carlos Ochoa lo cobró con experiencia al ver que Vilar se doblaba antes de tiempo. Ahí el equipo rojinegro se vino abajo aunque el juego se partió y vino la efervescencia típica del estilo de vida atlista.

Ochoa empató con una gran definición de pierna izquierda, y entonces todo fue a pecho abierto.

Tanto Zorros como Jaguares pudieron ganar el partido, pero al final la suerte y las circunstancias dictaminaron el empate.