CIUDAD DE MÉXICO, 1 de marzo.- La espinillera derecha con la que juega Rodrigo Millar trae los colores de la bandera de Chile y el nombre de su hija Javiera.

Con esa pierna enmendó un partido que el Atlas perdía con la premura de saber que el Atlante, minutos antes, se les había puesto a dos puntos con su triunfo en Morelia.

Los rojinegros perdían con Santos luego del gol de Darwin Quintero, pero gracias a una gran actuación de Millar, que hizo un par de anotaciones, terminó por darle vuelta al marcador 2-3. El descenso queda ahora con cinco puntos del Atlas sobre el Atlante, con el Veracruz en medio.

Por primera vez en el torneo el Atlas mostró una línea de mejoría. Aunque iniciaron dubitativos y permitieron que Santos les invadiera su zona del campo hasta conseguir el gol, no se disparataron.

Mantuvieron la ecuanimidad, sobre todo con la fuerte presión que manejaban al sentir de cerca a los Potros en la lucha por evitar el descenso.

Eso fue una buena señal que se coronó con el buen funcionamiento ofensivo. Los desplazamientos se notaron precisos y exactos hasta permitir la entrada de Rodrigo Millar por enmedio de los huecos que abría Arturo González y Edson Rivera. Maikon Leite por la banda derecha, apareciendo como un extremo ágil, sería también de gran ayuda.

Pero la estampa de la noche fue de Millar. El chileno, que ha desarrollado un mejor futbol temporada tras temporada, bajó el esférico en medio del área santista entre el hombro y el antebrazo pero el árbitro Delgadillo dejó seguir las acciones. Bien hecho porque luego vendría una obra de arte al fintar a un defensor que pasó de largo y cuando todos esperaban el trallazo, acomodó con suavidad la pelota a un lado del poste derecho de Oswaldo Sánchez que tendría un amargo festejo de más partidos jugados en México con 698. Maikon Leite entonces se adueñó del lado derecho.

Para ese momento, antes de acabar la primera mitad, Santos estaba desmoronándose  y se fue abajo con el gol del brasileño que la tocó por abajo ante la salida de Sánchez.

Sin Oribe Peralta que acusa una sobrecarga de trabajo, la responsabilidad recayó en Eduardo Herrera y Javier Orozoco. Los muchachos, a los que les falta el último hervor, no pudieron con la pesada losa y sin pesar en el juego pasaron de noche.

No así Millar, que cerró una de sus mejores actuaciones al acompañar la jugada donde el balón pasó de Vuoso a González para que éste metiera un centro que, de cabeza, sería gol.