CIUDAD DE MÉXICO, 27 de febrero.- ¡Agüeeero, Agüeeero! La ovación entre aficionados del Independiente de Avellaneda, tanto en la tribuna como en el sector de las plateas, hizo entender a Ismael Sosa que no era su momento, sino el del Kun. El sonido ambiente regaló un reconocimiento público al entonces goleador del Rey de Copas, un irreverente trabajador del juego al servicio del equipo. Sosa y Agüero crecieron juntos, se hicieron amigos en las fuerzas básicas del club y parecían ir al parejo en la cantidad de goles marcados “pero El Kun era de otro planeta (risas)”, comenta el Chuco.

Los reportes de su rendimiento llegaron pronto hasta las oficinas de Andrés Ducatenzeiler, presidente deportivo en ese tiempo, quien puso al tanto al técnico Óscar Ruggeri para observarlos. El Cabezón empujaría el debut de Agüero apenas a 1os 15 años, en julio de 2003 (récord de edad en el futbol argentino); mientras que a Sosa le llegaría su turno cuatro semestres después, bajo el resguardo de César Luis Menotti.

“Jugábamos juntos, se hablaba mucho de los dos porque desde las inferiores hacíamos goles”, continúa el actual futbolista de Pumas. “Pero el Kun se robó todo los flashes y los halagos. Ahora está hecho un crack en el Manchester City”.

 A diferencia de Agüero, Sosa se encontró con más dificultades en el camino: fue cedido a San Martín de San Juan al no encontrar cabida tras el despido de Menotti (2005) y una temporada, ya sin la compañía del Kun, quien fue contratado meses antes por el Atlético de Madrid, volvió al Independiente (2007) para tener su mejor año. “La distancia nos alejó un poco, pero seguimos hablándonos de vez en cuando”.

El Chuco, como suelen llamarlo sus amigos, nació en una de las villas (viviendas) con menos recursos de la ciudad de San Martín: “no me faltó para comer, pero sí existieron carencias de tener una buena casa o por lo menos tranquilidad”.

Pumas se fijó en Sosa desde la gestión de Alberto García Aspe como vicepresidente deportivo (2013). “Desde que hablé con él, me gustó la idea de venir”, dice, después de haber esperado un semestre para cerrar el preacuerdo que tenía adelantado. En Chile, con la Universidad Católica, el argentino marcó 25 goles y se quedó cerca de conseguir el campeonato.

Poco tiempo ha tenido para producir lo mismo en Universidad, pero las circunstancias esta vez parecen no rebasarlo del todo. “Se crearon grandes expectativas en mí y quiero cumplirlas. En el futbol no hay tanto misterio, hay que trabajar contra todo”.