CIUDAD DE MÉXICO, 27 de febrero.- En mayo de 2013 el jugador de polo Carlos Gracida (1960-2014) vino al Distrito Federal para jugar con México vs. el Resto del Mundo. El duelo se celebró en el Campo Marte y Excélsior tuvo la oportunidad de platicar con el que fuera considerado el mejor jugador de polo en el mundo. Carlos falleció el pasado martes tras caer de su caballo en pleno encuentro, en Florida. Será cremado y sus cenizas las traerán a  México.

A sus cincuenta y tantos años Carlos Gracida seguía siendo leyenda del polo. Lo mismo se le miraba en Argentina, repartiendo autógrafos en el taxi, restaurantes y aeropuertos, construyendo campos de golf y polo con Jack Nicklaus en China, así como jugando en los campos del castillo de Windsor con el príncipe Harry. Lo curioso es que el miembro de la tercera generación de la familia Gracida pudo arrebatar galardones a Guillermo Vilas y Maradona, así como guardar una gran amistad con el príncipe Carlos, y al mismo tiempo cruzar de incógnito la avenida Reforma, en el DF.

Aquel día en el Campo Marte, una anotación suya en tiempo extra volvió a darle el triunfo a México (10-9). Minutos después, Carlos se daba tiempo para charlar sobre su abuelo Gabriel y el inicio de cuatro generaciones montadas a caballo. También sobre el glamour de entrenar a los hijos del príncipe Carlos (William y Harry), al rey Constantino de Grecia, así como a Silvester Stallone y Tommy Lee Jones.

Él decía que el apellido Gracida no le dio alternativa de ser otra cosa que jugador de polo. De hecho, se recordaba a la edad de dos años montando a Llanero, un “caballo con manchas, flaco y feo”. Ahí comenzó su historia, aunque Carlos prefería repetir la anécdota de Cancia, aquella yegua tordilla de la que se enamoró Pedro Infante y que terminó en la ranchería argentina de una mujer llamada Eva Perón.

Lo platicaba de la siguiente manera: “Mi abuelo Gabriel (Gracida) fue caballista del general Manuel Ávila Camacho cuando fue Presidente de México (1940-46) y éste había comprado el rancho La Herradura. Mi abuelo entrenó a una yegua llamada Cancia que llegó a hacerse muy famosa por salir en las películas con Pedro Infante. El personaje de Pedro era Silvano (La oveja negra) y curiosamente Cancia hacía el papel de un macho. ¿Recuerdas cuando le preguntan a Silvano cuánto quería por su caballo? y él responde: ¿cuánto por mi caballo?, lo que usted pesa en oro, la estrella más bella del cielo y lo que usted más quiera en la vida. Esa yegua pertenecía a Ávila Camacho, era entrenada por mi abuelo y rentada a empresarios para aparecer en las películas de Pedro. Estaba tan bien entrenada por don Gabriel (Gracida) que un día se la llevaron a dar una exhibición a Argentina, donde Evita Perón se enamoró de ella. Cuentan que el Presidente de México le preguntó a su homólogo argentino (Juan Domingo Perón) qué regalo quería como un presente de México para aquel país sudamericano. Perón no lo pensó dos veces. Quiero -dijo- a la yegua Cancia”.

Carlos contaba esta historia para explicar cómo empezó a formarse la suya. Porque don Gabriel tuvo cuatro hijos (todos montados a caballo) y uno de ellos, Guillermo Gracida sr., se convirtió en el mejor jugador de polo en México en los años 50 y padre de los reconocidos hermanos Gracida (Memo y Carlos). Carlos rebasó toda expectativa al arrasar con todos los torneos internacionales. Especialmente el US Open (nueve ediciones), el British Open (diez veces) y el abierto Argentino (cinco ocasiones). Es el único jugador que ha ganado en cinco ocasiones el título de Jugador del Año.

Su leyenda se forjó al ganar el Grand Slam de polo (el US Open y el British Open) en tres ocasiones: 1987, 1988 y 1994. Precisamente en la última fecha marcada Carlos logró el sobrenombre de Leyenda viviente tras ganar todo lo que estaba a su alcance: la triple corona argentina (Hurlingham, Tortuguitas y Palermo), el Abierto de Estados Unidos y el Abierto Británico. Aquel año obtuvo el Olimpia de Plata, galardón que otorga Argentina a sus atletas como Juan Manuel Fangio, Carlos Monzón, Guillermo Vilas, Diego Armando Maradona, Carlos Tévez, Manu Ginóbili y Leo Messi. Gracida ha sido, pues, el único extranjero en llevarse dicho merecimiento.

Carlos vivía en Florida desde hace tiempo. Sólo le faltó ganar una medalla olímpica.

La última pregunta que se le hizo fue sobre las llamadas huellas de guerra. Carlos Gracida comentó: “He estado conmocionado y en el hospital más de seis veces, por golpes en la cabeza. Rotas las dos clavículas y algunas costillas. La nariz. Dislocado el hombro derecho y llegué a quebrarme algunos dedos. Duele más perder una final que romperse un hueso”.