CIUDAD DE MÉXICO, 24 de febrero.- Los jugadores se desplomaron. Habían pasado fuera de casa más de 45 días.

La concentración previa al Mundial de Sudáfrica los terminó por agotar y quedaron hartos de todo. Lo único que deseaban es que acabara pronto el Mundial.

Por lo mismo, para esta ocasión, líderes del vestidor como Rafael Márquez hablaron con Miguel Herrera y convinieron que lo mejor era hacer estancias cortas de entrenamientos, en lugar de una sola continua.

“Es mi último Mundial y lo hablamos. De hecho, a los que estamos en la selección no nos gustan las concentraciones largas porque son tediosas”, señaló el defensa central del León.

Y es que lo vivido en la etapa con Javier Aguirre fue extenuante. Más de 45 días soñando y comiendo futbol en la concentración. La liguilla del Clausura 2010 se jugó sin seleccionados y luego se encerraron a cal y canto en Herzogenaurach, Alemania, bajo un clima gélido.

Para cuando llegaron a Sudáfrica había un cansancio mental. Fue muy desgastante, muy pesada toda la concentración anterior, de las que recuerdo me costaron más tiempo de adaptación”, recuerda Francisco Javier Maza Rodríguez. “No siempre se disfruta tanto estar encerrado, tampoco es señal de que las cosas andarán bien”, dijo el defensa del América.

A esto hubo que sumar un duro reglamento interno creado en aquel entonces por el director de selecciones nacionales, Néstor de la Torre que privó de distracciones a los jugadores.

“Unos ya estaban concentrados en el CAR y otros llegamos para el partido contra Inglaterra en Wembley, de ahí en adelante no hubo más que futbol y presión hasta el Mundial. No fue tan grato porque se nos hizo muy pesado”, rememora el Maza Rodríguez.

El Tri jugó en Europa cuatro partidos amistosos contra Inglaterra, Holanda, Italia y Gambia con muy pocos espacios para la diversión.

El equipo sufrió por igual en defensa y ataque la autoridad que impusieron Javier Aguirre, Mario Carrillo y Néstor de la Torre y aunque nunca hubo un divisionismo, sí existió un ambiente espeso.

Por eso, con Miguel Herrera se ha pedido lo contrario. Disfrutar de un periodo corto de concentraciones que inició el 26 de enero y que conlleva tres días a la semana para los diferentes partidos amistosos.

“El tiempo es justo y hay que aprovecharlo, pero siempre con situaciones cómodas. Necesitamos trabajar para acoger todo lo que nuestro técnico requiera pero con este tipo de concentraciones estamos más tranquilos para meternos de lleno en lo que queremos”, afirmó Rafael Márquez, el capitán del Tri una vez más.

En 1998, Manuel Lapuente era el técnico nacional y decidió encerrar al equipo en una región alpina de Italia llamada Coverciano. Sabía que serían 30 días de arduo entrenamiento y sobre todo hastío por estar encerrados.

“En una concentración nunca pasa nada, son muy aburridas, por lo mismo, planeamos en ese entonces un tiempo de diversión y esparcimiento, precisamente para que no cayeran en un hartazgo.”

Así pues, se llevaron al equipo mexicano a un tour por Florencia, a las góndolas en Venecia y en Roma tuvieron una visita con el papa Juan Pablo. “Es decir, cosas que normalmente no se hacen y que son distracciones que hasta pudieron parecer de tipo vacacional”, asegura el ex estratega nacional.

Cuando se decidieron por Coverciano, querencia natural de la selección italiana para concentrarse, “fue en invierno, todo está nevado, los árboles pelones, era duro porque es tipo monasterio, pero me aseguraron que en primavera estaba todo verde”, dice Lapuente.

Y sus ojos no paran de brillar ante tanta vegetación cuando llegaron meses después con todo el equipo. “No sentí que la concentración fuera pesada ni larga. Al contrario, los muchachos estuvieron siempre de buen ánimo, con cosas qué hacer además de entrenar.”

Una de los pasatiempos que unió al grupo rumbo a Francia 1998 fue jugar golf en los campos de Coverciano. “Era un paraíso, había 27 hoyos para escoger. Ahí fue donde le enseñé parte de lo que hoy sabe Jorge Campos que es un extraordinario golfista e Isaac Terrazas me estropeó un palo cuando le pegó al piso, es decir anécdotas que quedan para siempre y que como grupo nos sirvieron de mucho.”

No hay paradoja en una concentración larga según Manuel Lapuente. Esto obedece a que si se planea con tacto y sutileza lo que se va a hacer, la concentración puede ser de más de 30 días sin problemas.

“Si estás en otro país puedes hacerla cultural y amena además de entrenar, punto a favor, con todos los jugadores a la par.”

El Piojo Miguel Herrera y los líderes actuales del Tri decidieron otra cosa. “Es lo mejor, es como les gusta más a ellos”, revela el actual estratega de México.