CIUDAD DE MÉXICO, 20 de febrero.- La aventura de Juan Carlos Medina (Torreón, 1983) hacia el futbol profesional  se puede cortar en cuatro etapas: la primera, cuando ingresó al  Centro de Sinergia Deportiva  (Cesifut) de la ciudad de Lerdo; la segunda, cuando se convirtió en un jugador del Atlante; la tercera, cuando formó parte de la Cantera de los Pumas; y la cuarta cuando conoció a Ricardo Antonio La Volpe en Atlas. Vistió el azul y oro, su rival del próximo sábado.

Medina tenía 12 años cuando empezó a creer que podía convertirse en un futbolista profesional y lo hizo en las polvorientas canchas del Cesifut  de la Comarca Lagunera, el mismo lugar en el que comenzó su andar Oribe Peralta. Antes de su llegada  a ese lugar era un niño más de la palomilla que convertía las calles de la colonia El Pacífico en una cancha de futbol, de los que jugaban simplemente por divertirse.

En dicho centro aprendió las bases que le darían la posibilidad de trascender. “Ahí te preparan para todo eso, te mentalizan, te preparan muy bien en lo físico y en lo mental”, recuerda el Negro en entrevista.

En su trayecto se cruzó una gira por el DF que lo llevaría a abandonar a su familia a los 14 años y a comenzar un éxodo personal que lo llevó a convertirse en uno de los mejores contenciones que hay en México.

“Fue con el Cesifut. Nos invitaron a un torneo de la Copa Atlante, nos tocó jugar la final y salir campeones; de ahí me invitan a quedarme en el Atlante, pero fue muy poco el tiempo”, detalla.

Para su suerte, después de lo poco afortunada que fue su estadía con los Potros, se topó con una persona dedicada a la formación de jóvenes el ya fallecido Mauricio Peña. Era1997, cuando Peña ocupaba la dirección de fuerzas básicas del Club Universidad.

 “Ahí estuve un año. Viví en la casa club”, rememora, para enseguida mencionar que los cambios en la institución felina le echaron a perder sus días en la Cantera. 

“Cambiaron todo lo que eran los entrenadores, toda la directiva y ahí nos toca que nos den de baja”, afirma.

El golpe recibido fue muy significativo porque había hecho muchos sacrificios para estar ahí. “Es difícil porque dejas a tus papás, a tus hermanos y no es fácil vivir solo y lejos de la gente querida”, comenta, previo a dar a conocer cómo su vida volvió a dar un giro.

“Le tocó al Atlas ir a jugar contra Santos y La Volpe mandó a Wilson Graniolatti a ver un interescuadras en el Centro. Ahí fue donde nos ve a mí y a otros dos compañeros, que no siguieron jugando, y nos lleva. Al final aguanté y me quedé en Guadalajara y se empezó a dar ya algo más serio, a llegar a lo profesional”, explica.