MADRID, 11 de febrero.- El Real Madrid solucionó sin sobresaltos su billete para la final de la Copa del Rey en el Vicente Calderón, donde sentenció en 16 minutos al Atlético, que se alejó él mismo de la eliminatoria con dos penaltis inocentes, transformados por el portugués Cristiano Ronaldo, el goleador de un triunfo plácido.

Del 3-0 de la ida al 0-2 de la vuelta. Hoy no hubo nada de emoción. Ni una sola sensación de que el Atlético pudiera lograr la remontada. Ni un atisbo de que al Real Madrid se le fuera la posibilidad de jugar su trigésimo novena final de esta competición. Porque el conjunto rojiblanco se fue del encuentro de forma imprudente dentro de su propio área sin apenas opción de competir.

Dos veces en quince minutos. En la primera, una pérdida de balón de Mario Suárez en el medio centro habilitó el contragolpe del Real Madrid. La tomó Cristiano Ronaldo, le arrolló por detrás Javi Manquillo. Penalti absurdo y gol del portugués (0-1, m. 7), que repitió instantes después, cuando se cumplía el cuarto de hora.

No midió bien su entrada Emiliano Insua en la carrera de Gareth Bale por un costado. Su entrada fue la segunda pena máxima. Y el 0-2, también de Cristiano, por el mismo lado que el anterior, al palo derecho de la meta del Atlético, con potencia e inalcanzable para Aranzubia, de nuevo titular por la baja por lesión de Courtois.

Entre medias, Raúl García, hoy la referencia ofensiva atlética por las bajas de Diego Costa y Villa, estrelló un derechazo en el poste de la portería de Casillas. Lo único relevante en ataque del conjunto local en un tramo nefasto para sus intereses, el que acabó con cualquier opción, si la había, de levantar la eliminatoria.

Por delante, un trámite de hora y cuarto para el Real Madrid, que no había necesitado mucho, un par de carreras y combinaciones para desarmar al Atlético de una manera tan rápida como imprevista. Se esperaba algo más de los rojiblancos, desdibujados desde los dos goles y dos concesiones impropias de su fiable presente campaña.

Un aspecto llamativo para un equipo que en seis días ha recibido siete goles en contra y que enlaza tres derrotas seguidas. Es su peor racha desde que Simeone aterrizó en su banquillo hace ya más de dos años. Un dato preocupante a orillas del Manzanares, donde el Atlético también perdió su primer duelo en casa de esta temporada.

Hoy siempre fue superado por el Real Madrid. En el marcador y en el juego. Su dominio fue patente desde el principio. Ni con el 0-2 le inquietó el Atlético. El encuentro, con todo decidido, ganó en tensión por momentos, con alguna entrada brusca, y despidió el primer tiempo con más conflictos que fútbol, ni una sola ocasión más y una caída brutal de Manquillo, evacuado con esguince cervical.

Para el segundo acto, Carlo Ancelotti, técnico del equipo blanco, protegió a Sergio Ramos para la final. Estaba a una amarilla de la sanción. El entrenador le dejó en el banquillo en el intermedio. Simeone también sustituyó a Diego Ribas para la reanudación, un tramo intranscendente para uno y otro equipo visto el marcador.

Ya estaba todo dicho en el partido, más allá de que Bale probara los reflejos de Aranzubia, que evitó el 0-3 con una buena parada a Cristiano Ronaldo, o de que Iker Casillas protagonizará una magnífica estirada, en la última oportunidad de una eliminatoria plácida para el Real Madrid, que ya espera rival en la final.

cmb