CIUDAD DE MÉXICO, 9 de febrero.- Un engaño lo dejó marcado y le enseñó una dura lección que él convertiría en el complemento de una filosofía y un estilo de trabajo que al paso de los años lo llevaría al campeonato del futbol americano profesional.

El recorrido de Pete Carroll para alcanzar el pináculo de su carrera, al conquistar el Super Bowl XLVIII como coach de Halcones Marinos el domingo pasado, tuvo muchos obstáculos y desviaciones. La perseverancia y apegarse a un método fueron claves para lograrlo.

No había mejor lugar que Nueva York (Nueva Jersey para ser precisos) para alzar el trofeo Vince Lombardi. Ahí recibió su primera oportunidad para ser entrenador en jefe de la NFL, aunque no con los mejores recuerdos.

Después de tres temporadas como coordinador defensivo de Jets, en 1994, Leon Hess, un magnate petrolero dueño del equipo, lo nombró head coach en lugar de Bruce Costlet. Su temporada era prometedora. Con marca de 6-5, recibió a Delfines de Miami en el viejo estadio Meadowlands, casa que compartía con Gigantes de Nueva York. Con 2:34 por jugar, el equipo de Carroll tenía la ventaja de 24-21.

Miami montó un ataque desde su yarda 16 con Dan Marino en los controles. Poco a poco fue avanzando, hasta llegar a la ocho de Nueva York, con 37 segundos en el reloj y un tiempo fuera.

Marino reunió a su equipo en la línea de golpeo e hizo señas indicando que azotaría el balón, no quería quemar su último time out... tras recibir el ovoide de su centro, retrocedió un par de pasos y, aprovechando que la defensiva de Jets pensó que pararía el reloj de juego, lanzó un pase de anotación a Mark Ingram que le dio el triunfo a Miami 28-24.

Aquella jugada, que es recordada como Dan Marino’s fake spike, fue contundente; su equipo no volvería a ganar esa temporada y quedaría con marca de 6-10. Nada mal para un coach debutante, o eso parecía.

Días después, tras preparar el plan de acción para la siguiente temporada, se reunió con Hess para hablar del futuro. Tras una larga espera, la junta duró un par de minutos. Fue despedido a principios de 1995.

Diecinueve años después, Carroll regresó a East Rutherford, Nueva Jersey, para redondear una temporada exitosa con el campeonato de la NFL en el nuevo MetLife, casa de Jets y Gigantes. Lo hizo de forma categórica, apoyado con la mejor defensiva de la Liga, su especialidad, para apalear 43-8 a Broncos de Denver, que llegó al partido con el mejor ataque de la Liga, pero que no tuvo capacidad para vulnerar el plan preparado por Carroll y su staff de entrenadores, quienes anticiparon todo lo que pudiera usar Peyton Manning y su ofensiva. No hubo lugar para sorpresas o engaños.

Siempre competir

Peter Clay Carroll (San Francisco 1951) fue un joven muy menudo y habilidoso. Gustaba de la práctica de varios deportes: beisbol, basquetbol y futbol americano, este último era el que más le apasionaba. En la preparatoria tuvo que llevar un permiso especial de sus papás para que lo dejaran practicarlo, porque estaba muy ligero y era un riesgo que lo hiciera.

Jugó varias posiciones: quarterback, profundo y receptor. En la Universidad de Pacific recibió la oportunidad para ser profundo, lo dejaron competir y destacó. Dejar competir es la piedra angular de su filosofía. Lo aprendió en la universidad en donde terminaría su etapa como jugador y recibiría su primer trabajo como asistente.

“Como jugador yo amaba a Pete. Era intenso y muy inteligente; siempre se anticipaba y esperaba la siguiente jugada. Yo sabía que cuando se comprometiera 100 por ciento a entrenar, sería un excelente coach”, cita la Universidad del Sur de California a Chester Caddas, su entrenador en jefe en Pacific, el día de la presentación de Carroll como coach de USC.

“Dentro y fuera del campo tenía mucha energía. Cubría mucho terreno y tenía buenos instintos e interceptaba muchos pases, creo que nueve”, le contó Caddas a Austin Murphy en 2006 en una entrevista para Sports Illustrated. Su baja estatura no era impedimento para que jugara bien y disfrutara de golpear y castigar a sus rivales. Sí le cobró factura, cuando intentó probarse con un equipo de la extinta Liga Mundial no lo pudo hacer por problemas en el hombro.

Después de graduarse de Administración de Empresas, trabajó en una firma en San Francisco, fue su único puesto laboral no relacionado con el futbol americano y duró poco en él.

Caddas lo invitó a integrarse como asistente en la Universidad de Pacific cuando Carroll tenía 22 años en 1973. A los 62, que cumplió el 15 de septiembre de 2013, se convirtió en el tercer head coach de más edad en ganar el Super Bowl, detrás de Tom Coughlin (65) y Dick Vermeil (63).

En la Universidad de Pacific comenzó una larga trayectoria relacionada al futbol americano. Once años a nivel colegial, antes de dar el brinco a la NFL en 1984. Otros diez para recibir su primera oportunidad como entrenador en jefe, que le duró un año el gusto. Tras dos temporadas como coordinador defensivo de San Francisco, y recibió su segunda oportunidad como head coach en Nueva Inglaterra. Duró tres años en el puesto hasta 1999. En 2000 tuvo un año sabático, como asesor de varios programas de futbol americano y columnista en una revista.

En 2001 regresó al futbol americano colegial como entrenador en jefe de los Troyanos del Sur de California, en donde estuvo nueve temporadas y conquistó dos títulos nacionales. Desarrolló mucho talento con calidad de NFL. Los 53 jugadores que fueron reclutados durante su paso en USC representan un roster completo de un equipo profesional.

Para 2010 llegó una nueva oportunidad en la NFL con Halcones Marinos de Seattle, en donde aplicó su filosofía de libre competencia.

Con jugadores que no recibieron oportunidad en otros equipos y que se ganaron su lugar con base en un arduo trabajo, Pete Carroll alcanzó la gloria y amenaza con crear una franquicia dominante.