CIUDAD DE MÉXICO, 1 de febrero.- Llovía a cántaros y River Plate goleaba 6-2 a Estudiantes de la Plata en el Estadio Monumental cuando el técnico Américo Gallego lo mandó por primera vez a la cancha (el 11 de febrero de 2001). Para ese entonces Daniel Emmanuel Ludueña era ya conocido como El Hachita, diminutivo del apodo de su padre, Luis Hacha Ludueña, quien fuera uno de los más brillantes futbolistas de Talleres de Córdoba en la década de los 70.

Había llegado al barrio de Núñez luego de iniciarse en las fuerzas básicas del San Lorenzo de Córdoba. Decían que era gambetero y rápido como enganche, pero delante de él pesaban más las jugadas de Marcelo Gallardo y Ariel Ortega. Acumuló alrededor de 40 partidos, marcó un par de goles y ganó dos campeonatos (Clausura 2003 y 2004) con River, antes de tomar el avión hacia México.

“Daniel pudo haber sido titular en ese equipo, si hubiera nacido rubio y de ojos azules”, asegura su padre, Luis. A principios de 2005, a cambio de 180 mil dólares, los Millonarios lo cedieron a préstamo a Tecos. Se presentó con un gol en la victoria ante Pumas (1-0), que recién había sido bicampeón, y desde entonces su repertorio de dribles comenzó a fluir como un torrente desbocado.

El Hachita se convirtió en la principal figura de un equipo diseñado, en principio, para pelear por evitar el descenso y que sin embargo terminó disputando la final ante el América.

Luego de dos temporadas con Tecos, Santos Laguna no dudó en desembolsar 1.5 millones de dólares para llevárselo a la comarca lagunera. Ahí, en el árido clima de Torreón, fue donde Ludueña halló la compañía que necesitaba para mostrarse en plenitud. Conquistó el título del Clausura 2008 y el de 2012, y acumuló un total de 72 goles en 170 partidos disputados.

“Salí de Argentina con esa ilusión de poder ser alguien y corresponder al sacrificio que ha hecho mi familia por apoyarme”, asegura El Hachita. “Me han tocado muchos momentos lindos, también momentos duros en los que aprendí a levantarme, pero nada se compara con ese momento en el que levantas la copa que tanto soñaste”, refiere.

Cuando Ludueña hace mención a los “momentos duros”, incluye el par de torneos que enfrentó con el Pachuca, después de despedirse de Santos. Tras 40 compromisos, tanto internacionales como de liga, marcó cinco tantos y no peleó liguillas.

A las pocas semanas de iniciarse el periodo de transferencias apareció una oferta de Pumas que el Hachita pareció estar esperando desde hace tiempo.

“El poder estar en equipos grandes es el sueño de cualquier jugador. Vengo con unas ganas enormes de aportar lo mío, de dejar una marca importante en  el club porque sería maravilloso. Quería estar aquí, apuntaba a lograrlo y ahora no me queda más que responder. Pumas es un club que piensa en grande, en liguillas y campeonatos”, agrega.

Hace más de una década que Pumas no tenía un enganche natural...

Puede ser que seamos una especie en peligro de extinción. Pasa que el futbol cada vez se hace más físico y de ida y vuelta. Hay muchos cambios, el técnico cuida mucho su trabajo y no propone tanto. Uno tiene que tratar de acoplarse y saber que siempre debe haber jugadores diferentes.

¿Hay algo que le haya sorprendido tras su llegada?

La afición que tiene este club, por algo es un equipo grande. Viven apasionadamente todos los partidos. Ahora sé que contra América y Cruz Azul está prohibido perder, son partidos que en ellos marcar un precedente.