CIUDAD DE MÉXICO, 27 de enero.- Joselito Adame ratificó su espectacular momento y se despachó con un par de orejas para ser el triunfador de la corrida 16 de la Temporada Grande en la Plaza México, festejo que marcó el adiós de Rodolfo Rodríguez El Pana.

El aguascalentense sumó su par de apéndices con el primer toro que le tocó, el tercero de la tarde, y luego dejó escapar una más en el segundo de su lote.

Adame está convertido en un ídolo, con un público de la Plaza México, que ayer vio llegar a alrededor de 18 mil aficionados dispuestos a idolatrarlo como el mejor torero nacional de la actualidad.

Su faena triunfadora sucedió con un astado de Montecristo, al que le recetó momentos espectaculares por el pitón derecho, con series de gran hondura.

Por el lado izquierdo, el aguascalentense rescató intensidad y elegancia. Todo ello lo finiquitó con un espadazo que se concibió como final de una tarde portentosa.

En el sexto de la tarde Joselito debió poner mayor empeño, enfrentó a un toro más parado al que debió acercarse de más; pero lo que sentenció que se fuera sin más trofeos fue su mala ejecución con la espada.

Adame acumula ocho orejas en las tres tardes que se ha presentado en esta Temporada Grande de la Plaza México, un sitio al que ya sale con personalidad de mandamás y dispuesto a cuidar su sitio.

El Pana, quien aseguró durante la semana que ésta sería su última tarde en la México, apenas pudo mostrar un par de destellos.

El saldo de el matador  que cumplirá 62 años fue silencio tras un aviso y silbidos en su segunda oportunidad, una renta miserable para una jornada en la que había decidido vestir de oro por primera vez en su carrera.

La carencia más importante fue no haber logrado transmitir  emoción al público, que se conformó sólo con algunos escasos detalles del torero que está en los ruedos desde los 70.

Morante de la Puebla fue la gran víctima de la tarde, en un festejo en la que no mostró mayores cualidades por un lote malo; el público le recriminó con fuerza y nunca le reconoció la entrega que mostró el español.

Tuvo algunos muletazos buenos con la derecha, sobre todo con el quinto de la tarde que se mostró deslucido como prácticamente todo el encierro de Villa Carmela.

Ese mismo astado había sido protestado por un sector de la afición, que se puso en contra del torero sevillano, a pesar de que éste puso empeño y naturalidad para ligar unos buenos pases por la derecha.