CIUDAD DE MÉXICO, 24 de diciembre.- El viejo Matosas se llama Roberto, aquél que hace 40 años llegó a México con el pequeño Gustavo de la mano y sin saber que haría huesos viejos en un país en el que jugó una Copa frente a rivales que parecían de otros mundos: Pelé, Müller, Lev Yashin y Sandro Mazzola.

Un cuarto lugar en México 70 le había dejado buenos recuerdos y anécdotas que se repetirían una y otra vez. De México sólo sabía que existían el América, las Chivas y un veterano apodado La Tota. Poco a poco aquel defensa número 3 uruguayo haría su propia historia en nuestro balompié. Sufriría un descenso con los Tuneros de San Luis y pronto sería campeón con el Toluca de Eugui, Estupiñán y el Diablo Pereda. Con el paso del tiempo se convertiría en entrenador de equipos como Atletas Campesinos, Tampico Madero, Toluca, Monterrey, Santos y Veracruz.

Mientras el profe Matosas entrenaba equipos mexicanos, sus hijos (Andrés y Gustavo) crecieron y tomarían distintos rumbos. El viejo Matosas se quedaría en México con su mujer argentina Blanca Haidé. Andrés, un poco mayor que Gustavo, fallaría en la búsqueda de hacerse de un nombre dentro de las canchas. Gus, un poco más bajito, mostraría un fuerte carácter y una necedad de cumplir sus propósitos en distintos continentes.

Hoy, Roberto Matosas tiene 73 años, vive en Veracruz y tiene una empresa para el desarrollo del ser humano. Hace un año que falleció su mujer. Andrés, de 48 años y año y medio más que su hermano, tiene su flotilla de taxis en Buenos Aires. “¿Gustavo?, acaba de hacer campeón al León. Qué cosas, Andrés tenía más calidad y Gus era de carácter más fuerte. Al final, el carácter tiene a Gustavo en el lugar que se merece y en un país donde no es fácil triunfar para nadie”.

Usted llegó a México con un chamaco de cinco años llamado Gustavo.

Ese chamaco hoy es el técnico del León. No pensaba quedarme por mucho tiempo, venía por un año para jugar en San Luis Potosí y no sabía que en este país me quedaría por el resto de mi vida.

Jugó con Uruguay en México 70.

Era la primera vez que visitaba este país y aquello me marcó para siempre. Vine con Uruguay como defensa y le peleamos a los alemanes el tercer lugar. Habíamos enfrentado al Brasil de Pelé, a la Italia de Sandro Mazzola y la Unión Soviética de Lev Yashin. Contra Alemania (Wolfgang) Overath nos marcó el gol con el que Uruguay perdía el tercer puesto.

Una selección uruguaya para recordar.

Teníamos a Ladislao Mazurkiewicz, Luis Cubilla, Víctor Espárrago y Pedro Rocha, entre otros. Rocha se lesionó en el primer juego ante Israel y nos hizo mucha falta. Hubiéramos podido llegar más lejos, pero quedar entre los cuatro mejores equipos del mundo y ante figuras como Pelé, Riva y Müller fue un lugar muy valioso.

Y dos años después regresa para quedarse otros 40 años.

El técnico de Uruguay en el Mundial era Juan Hohberg y llegaría a México para entrenar a los Tuneros del San Luis en los años 70. Él fue el que me llamó para apoyar la defensa y me quedé en el equipo por 18 meses.

¿No se arrepintió por venir a un equipo que descendería?

Fue algo que me dolió mucho, pero son etapas que dejan experiencia.

Se le recuerda más con el Toluca campeón en 1975.

De San Luis me fui al Toluca con el técnico Ricardo de León. Ahí jugué con elementos como Eugui, Pereda, Estupiñán y Ramos. Un gran equipo.

Sus hijos lo tenían como ejemplo en las canchas.

Andrés y Gus comenzaron jugando futbol en las escuelas y en las calles. Luego brincaron a las ligas municipales y se fueron metiendo en esto del balompié. Cuando eran niños los llevaba a la escuelita de futbol y regresaba por ellos dos horas más tarde.

¿Cuál de los dos pintaba para futbolista?

Andrés, un año y medio mayor que Gustavo, tenía más calidad. Jugaba de defensa y hoy mide 1.90 metros de estatura. Gustavo jugaba de medio, tenía más carácter y eso pesó más al final. Cuando Gus tenía 17 años de edad ambos hablaron conmigo. Yo era entrenador del Monterrey y ellos tenían otros planes. Se fueron a probar con San Lorenzo (nacieron en Buenos Aires). No les fue bien. Sin embargo, se cruzaron para probar fortuna con el Peñarol. Gustavo se quedó en el equipo en el que yo fui campeón en cinco ocasiones.

Gustavo no se rinde fácilmente.

Tiene 14 veces más carácter que Andrés. Gus defendía a su hermano en la escuela y eso que era el hermano menor. ¿Problemático en la escuela?, no se dejaba de nadie y eso le ganó varios castigos en el colegio.

Durante la final entre América y León, en el estadio Azteca, se observó a Gustavo Matosas cantar el himno nacional mexicano.

Y se lo sabía muy bien. Estudió la primaria en el Instituto Potosino y siguió sus estudios en Toluca. Terminó el bachillerato en la Prepa Cinco. Eran tiempos en los que no había celulares ni computadoras. Por ello se obsesionó con el futbol. ¿Andrés?, él trabaja en una empresa de taxis en Argentina.

Gustavo es argentino naturalizado uruguayo.

Sí. Gus y Andrés nacieron en Buenos Aires, como su madre Blanca Haidé. Gustavo decidió naturalizarse uruguayo y jugar como tal en Uruguay, España, China, Brasil y México.

Usted vive en Veracruz y tiene una empresa de desarrollo humano.

Sí, cuando estuve en Querétaro conocí a un gran investigador mexicano llamado Isauro Blanco Pedraza, con el que aprendí el desarrollo de habilidades del pensamiento y métodos de estudio. Para dicho desarrollo del ser humano existen cinco aspectos esenciales: la comunicación, el desarrollo personal, el liderazgo, la motivación y el trabajo en equipo.

¿Gustavo aprendió cómo ser un líder por usted?

No lo sé. Él siempre ha dicho que su influencia fue Telé Santana cuando lo dirigió en Sao Paulo. Aunque llegamos a trabajar juntos en Querétaro. Siendo él entrenador me llamó para dar charlas motivacionales con el equipo. Con el León Gustavo pensó que no era más necesario.

¿Hablaron después de que Gustavo se coronara con el León?

Poco. Le dije que lo felicitaba y que había conseguido algo importante, que triunfar en México no es nada fácil para nadie.

¿Gustavo Matosas es explosivo?

Es poco influenciable, es de carácter fuerte y no se deja de nadie. A mí nunca me preguntó qué hacer con sus equipos.

¿Los Matosas son hinchas del Peñarol?

Yo lo soy de por vida y tengo cariño por San Luis y Toluca. Gustavo también siente cariño por Peñarol, aunque como hincha nunca le vi que se pusiera una camiseta.

¿Algún recuerdo de Gustavo Matosas en su adolescencia?

Sólo una vez lo vi jugar. Gus jugaba en la juvenil del Toluca y enfrentaban al América. Me invitó a verlo y a los 15 minutos lo echaron del juego. Nunca más fui.