CIUDAD DE MÉXICO, 3 de diciembre.- Como un peón que dirige torres y caballos en un tablero de ajedrez, Ricky Rubio avanza verticalmente por la duela y trata de llegar hasta la última línea contraria para poner en jaque a su adversario. Se trata de una práctica establecida desde hace tiempo, pero el armador de los Timberwolves de Minnesota no contempla otro mundo que no sea el basquetbol.

Hace un par de días el equipo que dirige Rick Adelman aterrizó en México, ganando tiempo de descanso y más soltura en los desplazamientos. Entrenaron ayer por primera vez en la Arena Ciudad de México, donde Rubio, como ensamble de un conjunto de piezas, regaló algunas jugadas fantásticas en complicidad de Kevin Love y Kevin Martin.

Desde la línea de tres puntos, José Juan Barea acompaña al español con tiros consecutivos. Los rebotes se los disputan Corey Brewer y Nikola Pekovic, mientras Shabazz Muhammad hace sprints de un lado a otro de la duela.

Luego de 30 minutos, el sonido de la chicharra indica que es momento de ceder turno a sus rivales. Mientras los Timberwolves caminan hacia el vestidor, aparecen Tim Duncan, Boris Diaw, Danny Green y Manu Ginóbili, una especie de alfin cuyo valor aumenta a medida que las posiciones se abren más de la cuenta.

Los Spurs salen a pelotear nada más, el desgaste de un viaje casi instantáneo tras la victoria (102-100) sobre los Halcones de Atlanta se hace notar en la cancha. Prefieren guardarse todo para el miércoles.

cmb