Una final inolvidable; recuerdos de Gonzalo Farfán y Héctor Esparza

Ambos relatan lo que sucedió dentro de los vestidores durante el gran juego de la 88-89

Gonzalo Farfán, ex volante del América le gana un balón al ex defensa del Cruz Azul Héctor Esparza. Ambos jugaron la final de la 1988-89. Foto: Archivo Excélsior
Gonzalo Farfán, ex volante del América le gana un balón al ex defensa del Cruz Azul Héctor Esparza. Ambos jugaron la final de la 1988-89. Foto: Archivo Excélsior
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CIUDAD DE MÉXICO, 26 de mayo.- El vestidor del América exhalaba un vapor de cansancio y nerviosismo.

Era la final de la temporada 1988-89 y perdían al medio tiempo con Cruz Azul 1-2. Aunque el global estaba empatado a cuatro goles las Águilas tenían el campeonato por los tantos de visitante; sin embargo, la presión celeste era demasiada.

Gonzalo Farfán lo recuerda bien. Cuando entraba el técnico Jorge Vieira era para buscar en sus jugadores el interruptor que apagara todo.

“Buscaba en nosotros la respuesta. Era el medio tiempo de ese partido, algo muy tenso. Hacía mucho calor y Vieira nos juntaba para preguntarnos qué es lo que estaba pasando. Los que llevaban la voz de mando eran Cristóbal Ortega y Alfredo Tena.”

Una vez que el técnico brasileño tenía las respuestas, entonces se dedicaba en menos de cinco minutos a desglosar una estrategia para acelerar el pulso del encuentro.

Para el segundo tiempo el América anotó por medio de Carlos Hermosillo y levantó el trofeo de campeón con marcador global de 5-4.

 Fue una final a todo gas, llena de esfuerzo extenuante, con movimientos inapreciables a simple vista como los recorridos que hizo Héctor el Güero Esparza para ayudar por el costado izquierdo. “Las subidas de Juan Hernández eran mortales y no los frenabas”, relató recordando que debió ayudar a Arturo Álvarez en más de una ocasión.

También acentúa su posición, a 24 años de aquella final, en sentenciar el juego de ida. “Pasaron varias cosas como un gol que nos anuló Edgardo Codesal  por una supuesta mano de Narciso Cuevas  y un penal que me marcó a mí cuando el balón no me pegó en el brazo”.

Comparte que con el tiempo se encontró con Codesal en Zacatecas y duda que haya existido mala intención de su parte para perjudicar al Cruz Azul: “pero el 2-3 con el que perdimos el juego de ida nos inclinó mucho el camino”, afirmó.

Esparza compara mucho esa temporada de 1988-89 con la actual del Cruz Azul. En ese entonces iniciaron la competencia con Manuel Lapuente, pero no funcionaron las cosas y Mario Velarde entró de relevo hasta llevarlos a la final.

“Mejoramos mucho en la parte última del torneo. Algo parecido con lo de ahora en que pensaban correr a Guillermo Vázquez y tras ganar la Copa MX subieron como la espuma”, mencionó.

Precisamente Velarde le pidió tener mucho cuidado con Luis Roberto Alves Zague, ya que de perfilarse a la portería de Pablo Larios sería muy peligroso, y a los dos minutos del encuentro de ida le hizo un gol.

“Me enojé mucho conmigo mismo, pero después lo marqué hasta el cansancio y por fortuna no hizo mucho. En el juego de vuelta lo sacaba mucho del área y lo limitaba a la banda. Creo que a pesar del calor y la desventaja, los americanistas sintieron en el medio tiempo que les íbamos a ganar”, reflexiona Esparza.

Ahora con el tiempo, Gonzalo Farfán lo acepta, la precaución estaba muy metida en sus huesos, porque no podían tirarse al diván ni distraerse un segundo.

“Cualquier relajación nos costaría, no podíamos aflojar ni un músculo porque ellos estaban encima de nosotros”, dijo.

La final del Clausura 2013 le sabe especial a Farfán, al igual que las que ganó jugando contra Pumas y Cruz Azul.

“A final de cuentas, no importa contra quien sea, el América como club no puede perder una final. Sabe diferente si es con Cruz Azul, pero no se pueden dar el lujo de fracasar esta vez.”

Pasa lo mismo del lado cementero. Héctor Esparza cree que todo aquel que gana una final entra a  la historia y marca muchos hitos: “Yo me hice aficionado celeste por todos aquellos que ganaron la final de 1971-72”.

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