Del infierno al paraíso con Sir Alex Ferguson
El veterano técnico escocés dirigirá hoy su último encuentro en la banca del Manchester United, equipo con el que marcó toda una época

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de mayo.- Hace poco más de 26 años, Alexander Chapman Ferguson descendió de un Mercedes Benz negro en The Cliff, los campos de entrenamiento del Manchester United. Llevaba bajo el brazo nueve copas con el Aberdeen escocés y la consigna de cambiar la suerte de los Red Devils.
Ahora, mucho tiempo después, antes del último entrenamiento previo a la visita para el encuentro ante el West Bromwich, el mil 500 de su longeva carrera como técnico, muchos vieron el Audi S8 virar desde la calle Sir Matt Busby, como cada día, hasta que Ferguson entró a su oficina y preparó su té, dos horas antes de que llegaran sus jugadores. Su disciplina la conservó hasta el final.
Cuando traía buen humor, decía una habitual paráfrasis de que Escocia es el mejor país del mundo por haber inventado el teléfono, la penicilina o la televisión. Si en sus últimos días como entrenador tuvo jaqueca, habrá aplicado a sus jugadores multas por un insulto, hablar por celular en el vestidor o ser impuntuales; más blando ahora, nada parecido a sus tiempos de ogro, cuando aventó zapatazos a David Bellion primero y años después a la ceja de David Beckham.
“Es un tipo raro que se irrita con todo el mundo”, lo definió alguna vez el delantero inglés Gary Lineker. Para muchos, el secreto de Ferguson fue la sensación de constante asedio que tenía sobre sus jugadores y que se traducía en una agresiva solidaridad en el campo. A los árbitros los intimidó a tal grado de que muchas de las decisiones que definían una temporada iban más veces a su favor que en contra.
No fue sencilla la transición del United para Ferguson. Por aquellos años apenas se asomaban 40 mil aficionados a Old Trafford. Ahora deja abarrotado el inmueble más importante de un equipo en la Premier League con 75 mil feligreses que le adorarán de por vida, convertido en Sir con la orden del imperio británico y legando 38 copas al Manchester United.
Mucho se recordará cuando llegó, que la plantilla, deprimida por tanta derrota, pasaba más tiempo en los pubs y con los dedos oliendo a nicotina en lugar de entrenar en el césped. El primer enojo vino a los 10 minutos de estar en el vestidor cuando Norman Whiteside, Paul Mc Grath y Bryan Robson bebían cervezas creyendo que seguían bajo la suavidad de Ron Atkinson, su pobre antecesor. Ferguson les dijo que a partir de ahí, las cosas cambiaban.
Su fisonomía es la clásica imagen del veterano gruñón con cara de bravo y que puede matar un toro con las manos desnudas. A la menor provocación, sus mejillas y nariz se encienden en una ira rojiza e invade el espacio del otro. Los jugadores del United llamaban a esto el tratamiento del secador de pelo, porque 10 minutos de gritos de Alex Ferguson en la cara tenían el mismo efecto que el aparato eléctrico.
Sólo una vez salió trasquilado de un problema y fue por culpa de su apasionamiento con los caballos al pelear con los magnates irlandeses McManus y Magnier, por la propiedad del mejor pura sangre de Inglaterra, Rock Gibraltar. Los inversionistas compraron el 28 por ciento del United y dejaron al descubierto las irregularidades de su hijo, Jason Ferguson, como agente de futbolistas en el club. Pero una vez firmada la paz, dejaron que el único dueño, Michael Glazer, se encargara de todo.
El autoritarismo de Ferguson le valió para hacerse respetar en Europa y el mundo a pesar de que siempre insultó entre dientes y culpó a la federación, a los árbitros o a la deslealtad de los rivales cuando sus proyectos no salieron, en claras muestras de mala educación.
Juró que se retiraría a los 60 años del banquillo, impactado por la muerte de Jock Stein, su maestro, en un partido Gales-Escocia por un ataque al corazón, pero se mantuvo aferrado a continuar con la estela del United que siempre le necesitó como un patriarca.
La temporada entrante, entonces, se verá a Ferguson como embajador honorario del club, cargo que tiene otra leyenda, Bobby Charlton.
Hijo de un cargador de los muelles, sindicalista de los astilleros, centro delantero del Queens Park, entrenador del East Stirlinghshire ganando 47 euros semanales y provocando el terror entre sus delanteros como Bobby Culley, quien lo recuerda, como “un gran bastardo; nunca antes había tenido miedo en mi vida hasta que me topé con él”.
Entre sus dictatoriales decisiones, siempre sabias, estuvo aquella de fichar a un chico mexicano llamado Javier Hernández, convencido de que traía fortuna el abolengo de venir de una familia de futbolistas. Se convirtió, en poco más de dos años, en buen relevo que resolvió partidos y en alguna ocasión se sorprendió al verlo desafiar las leyes de la naturaleza anotando con la nuca, como contra el Stoke City.
Éxitos y sobre todo cambió a los borrachos del vestidor del Manchester United por jugadores como Ryan Giggs, Eric Cantona, Roy Keane, Gary y Phillipe Neville, David Beckham, Paul Scholes, Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney. Era un padre violento, pero pedagógico al fin, rencoroso, odioso, iracundo... el mejor.
El adiós definitivo del energúmeno
Manchester United dará la despedida definitiva a Sir Alex Ferguson del banquillo hoy, cuando enfrenten al West Bromwich Albion en The Hawthorns.
Al mismo tiempo, será el juego mil 500 del múltiple ganador de trofeos desde la dirección técnica para los Red Devils, una carrera que empezó hace más de 26 años.
El juego representa también el retiro de Paul Scholes con la camiseta del Manchester United pues decidió que esta temporada era el final de su ejemplar trayectoria.
El United ya está envuelto en la gloria de levantar la copa como campeón de la Premier, por lo que será una tarde tranquila mientras que los baggies navegan con calma en el octavo sitio de la tabla, una posición que no es mala para sus aspiraciones.
Sin embargo, querrán salir de la mala racha hoy después de que arrastran una cadena de tres partidos de liga consecutivos con derrota. Simplemente, la semana pasada el Norwich City les dio una paliza de 4-0. El United buscará, de cualquier forma, retirar con un triunfo a Sir Alex Ferguson, aunque para ello no podrá contar con Ashley Young y Darren Fletcher que se encuentran lesionados. Por su parte, el West Bromwich no tendrá al mediocampista Zoltan Gera que sigue padeciendo dolores en su rodilla derecha.
La melancolía hará presos a muchos aficionados que vivirán la última aduana de Ferguson, sabedores que tras mil 500 partidos, la cortina se bajará para siempre en una época del club que transformó.
La última alineación de Ferguson sufrirá algunas variaciones. De entrada, Phil Jones estará con Jonnhy Evans en la central, pues Ferdinand y Vidic irán a la banca por descanso. Antonio Valencia arrancaría en lugar del suspendido Nando Rafael y el segundo portero Anders Lindegaard entrará en acción mientras la inclusión de Wayne Rooney sigue pareciendo lejana como su estadía en el Manchester sin Ferguson.
Javier Chicharito Hernández podría saltar como titular otra vez, en la última fecha de esta temporada en la Premier.