CIUDAD DE MÉXICO, 22 de marzo.- Se tiene que escarbar mucho para encontrar un resbalón semejante de España en eliminatoria.
Remontarse a tiempos menos gloriosos para un precedente así, un empate como local ante Finlandia que complica la clasificación directa al Mundial de Brasil 2014. Fue en Gijón donde la vigente campeona dejó escapardos puntos que deberá recuperar el martes en París, ante Francia, en una misión harto difícil.
Poco que alegar en defensa de la campeona del mundo. España jugó un mal partido en líneas generales y acabó pagando su excesiva relajación al final.
El dominio fue extenso de España que vio convertirse a sus laterales en atacantes y hasta a Sergio Ramos, defensa central, viendo varias veces la puerta contraria de frente, siendo una de ellas la de su gol al minuto 49.
La puesta en escena fue trepidante. España atacó desde el primer minuto cuando Moisander rozó el autogol y Villa un baño de gloria; sin embargo, el remate del Guaje se fue por la lateral, pero entró en el partido emprendedor, crecido y confiado. Las burbujas desaparecieron pronto y España guisó el partido a fuego lento, aunque esta vez sin Xavi.
Es cierto que esta clase de partidos requieren paciencia, desgaste y muchas dosis de toque, pero el choque se tornó irritante por momentos, sobre todo porque los de Del Bosque parecieron contagiarse de la monotonía del encuentro.
Tampoco con el gol cambió España el ritmo, de poca cadencia. Del Bosque lo percibió y, para disgusto popular, Álvaro Negredo relevó a Villa, que desde octubre de 2011 no jugaba un partido oficial como titular.
No hubo remedio. Poco a poco el campeón se desenchufó, pensó antes de tiempo en el reto de Saint Denis contra la Francia de Didier Deschamps que al mismo tiempo hacía bien su tarea ante Georgia.
Tanto perdió el hilo el equipo rojo que, de repente, Finlandia se vio liberada. Su objetivo inicial era evitar un atropello, una goleada que acentuara su maltrecha autoestima como colista de grupo, pero España le dio ánimo para establecer un crecimiento y un chico desenfadado y veloz como Pukki, a once minutos del final, mandó a callar el Estadio El Molinón y puso en alerta a España.

