Reconfiguran la cartografía en la XI Bienal de Sharjah

A través del arte, el cine y la arquitectura, plantean una lectura cultural del orbe que evite el eurocentrismo

Ver galería
Bubble, obra del despacho  de arquitectos SANAA.
Bubble, obra del despacho de arquitectos SANAA.
Ver galería
We’ll see all reverberates, del mexicano Carlos Amorales.
We’ll see all reverberates, del mexicano Carlos Amorales.
Ver galería

SHARJAH, Emiratos Árabes, 14 de marzo.- Reconfigurar la cartografía cultural, sin tener como punto de partida una visión eurocéntrica, resulta un ejercicio deseable y posible que puede generar nuevas formas de conocimiento entre regiones tan lejanas como el Oriente Medio o América Latina, considera la curadora de la XI Bienal de Sharjah, Yuko Hasegawa.

“Medio Oriente y el mundo árabe están unidos a la cultura del norte de África, que a su vez se vincula por el Estrecho de Gibraltar a España. Como bien sabemos, España nos conecta con México y con toda Latinoamérica. Esta forma de ver el mundo nos puede ayudar a generar un nuevo conocimiento, el cual está intensificado por los vínculos internacionales y la globalización.

“De entrada, nos damos cuenta que en la actualidad no se puede hablar de centro y de periferia, porque eso ya no existe”, explica la japonesa, también curadora en jefe del Museo de Arte Contemporáneo de Tokio.

Para la selección de los más de 100 artistas, arquitectos y cineastas que participan en la bienal, Hasegawa se inspiró en los patios históricos de Sharjah, donde conviven actualmente la arquitectura islámica y la nueva sede de la Sharjah Art Foundation, por lo que la propuesta curatorial buscó “crear un viaje entre los espacios públicos y privados”, a través de obras que lo mismo intervengan físicamente la calle o que lleven al visitante a la intimidad de una sala de proyección.

“Para visitar las diferentes sedes de la bienal es necesario cruzar entre varios edificios históricos y modernos, entre ellos un banco, por lo que era necesario que estuvieran vinculados por pequeños oasis que sirvieran de guía. No me refiero al cliché del oasis, sino a obras que guiaran entre la compleja arquitectura del centro de Sharjah”, dice.

Es así que la obra The Bank integra, por ejemplo, una cancha de futbol y voleibol de Bangladesh, con una sinuosa superficie que retoma las dunas del desierto, pero también los materiales del centro de Sharjah, de acuerdo con Bjørnstjerne Christiansen, miembro del grupo artístico de Copenhague, que en septiembre inaugurará una muestra en la Fundación/Colección Jumex, en la Ciudad de México.

Una operación similar la da el despacho de arquitectos SANAA, integrado por los japoneses Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, quienes crearon un pabellón para el Calligraphy Square, el cual se compone por esferas transparentes cuya fragilidad y transparencia contrasta con los pesados muros del lugar. “Cuando nos invitaron a participar conocimos el lugar y vimos que era un sitio increíble y nosotros propusimos crear un pabellón de dos meses que fuera algo diferente y contrastara con la belleza de estas paredes de piedra”, indicó Kazuyo.

Algo que destaca de la XI Bienal de Sharjah –inaugurada ayer al público–, en relación a otros encuentros de su tipo, es que la mayoría de los artistas presentan una o varias obras que prácticamente ocupan la totalidad del espacio que les fue asignado, en una suerte de proyectos que se suceden espacialmente y que no compiten entre sí, como sí ocurre en la mayoría de los encuentros internacionales.

Para Hasegawa esta decisión museográfica nuevamente se inspira en la idea del patio como un lugar donde transitan diferentes intereses, necesidades y búsquedas, en relación a la herencia cultural y arquitectura de la zona.

Al ser cuestionada sobre la carga política que pueden tener algunas obras en el contexto de los conflictos en Oriente Medio, la curadora asegura que para ella los temas políticos se aprecian más en obras que no parecen ser tan políticas, como la pieza del mexicano Carlos Amorales, We’ll see all reverberates, un monumental móvil compuesto por varias docenas de címbalos.

“La obra de Amorales está diseñada para que el visitante la toque y haga piezas que pueden ser melódicas, pero también puede hacerla sonar de forma estruendosa y crear un verdadero caos, sin que ello signifique que al final la pieza mantiene su propio equilibrio”, concluye.

Temas: