No somos artistas: David Chipperfield

El londinense reivindica la labor social de la arquitectura, que ha desarrollado a través de los museos

CIUDAD DE MÉXICO, 13 de marzo.- “No somos artistas, no llegamos a casa una noche y decimos voy a diseñar un bello edificio y a la semana siguiente ya lo tengo”, afirmó David Chipperfield (Londres, 1953) quien encuentra en la arquitectura un ejercicio de reflexión, de pensamiento crítico y responsabilidad social.

 Es justo la creación a partir del análisis y el entendimiento del espacio lo que caracteriza las construcciones de Chipperfield. Por ejemplo, el Museo Moderno de Literatura, en Marbach, Alemania, lo planeó como un sitio para albergar libros antiguos y, a la vez, como un estudio público; y el Neues Museum, en Berlín, lo reconstruyó a partir de los planos originales de mediados del siglo XIX, en un diálogo entre el valor histórico y estético.

“Un museo es una buena oportunidad de hacer arquitectura. El Neues Museum es un buen ejemplo porque tiene que ver con la historia de Alemania, tiene un significado para la sociedad, y un significado su reconstrucción. No era rehacer así sin argumentos”, añadió en entrevista con Excélsior antes de su participación en el XIV Congreso Arquine.

Si bien en la lista de obra del autor de Theoretical Practice (1994) lo mismo destacan casas privadas, complejos de oficinas, edificios públicos y hoteles; es notorio su interés por proyectos vinculados al arte y la cultura, como Figge Art Museum, en Davenport, Iowa; el Museo Folkwang, en Essen, Alemania; el Museo de Anchorage, en Anchorage, Alaska, y el Museo Gotoh, en Tokio, Japón.

Tal vez, confiesa, se deba a que comparte la visión social de estos espacios. Pues considera que en su origen los museos responden al entorno de la sociedad y su arquitectura también cumple una responsabilidad pública.

“La arquitectura es el mediador entre nosotros y el mundo, y en el trabajo con museos se tiene una responsabilidad pública por naturaleza; si haces edificios de oficinas es difícil responder al cliente y generar una buena relación con la ciudad, pero en el museo ya hay un interés por atender a la gente, que se enfatiza con nuestras ideas”, detalla el proyectista de la nueva sede de la Fundación/Colección Jumex, que se desarrolla actualmente en la Plaza Carso.

Quien fuera curador de la 13 Bienal de Arquitectura de Venecia explica que cuando habla de responsabilidad social se refiere a generar espacios “amables” con la ciudadanía y no sólo con el cliente que paga el proyecto.

“Si construyo un edificio bonito tal vez yo me sienta feliz, tal vez mi cliente se sienta feliz, pero qué pasa con la gente que lo transita, no es el cliente, es el público, el ciudadano que lo ve a diario y también se afecta. Nuestras construcciones deben considerarlos”, agregó.

Al reconocer que un proyecto cambia durante la edificación, quien ganó la Medalla de Oro Heinrich Tessenow (1999) detalla que conseguir este equilibrio entre la responsabilidad social y estética depende de la creatividad de las ideas del arquitecto, quien antes de construir debe entender el entorno físico y social de su obra.

De la luz a la seguridad

Desde la intensidad de la luz natural, las posibilidades del suelo, hasta los usos y costumbres de quien usará el espacio, son elementos a los que el arquitecto presta atención en un ejercicio de reflexión.

“Por ejemplo, en la Ciudad de México un problema es cómo usar el espacio público y la gente está preocupada de que se ocupe bien el área, de cómo mantenerlo en buenas condiciones. Son elementos que uno debe considerar al construir en esta ciudad”, dijo.

A ello responde que para la nueva sede de la Fundación Colección Jumex, Chipperfield priorizó espacios abiertos, ventanales amplios, la iluminación natural, que inviten al espectador a ocupar el sitio como si de una plaza pública se tratara.

El recinto, que asegura se terminará de construir en junio próximo y abrirá en noviembre, se edifica como un complejo de varios niveles para exhibir obras en la planta baja y en el piso superior construir “cajas” de seguridad.

“Es un museo con dos problemas: uno es proteger el arte y el otro exhibir el arte, cómo mantenerlo a salvo en buenas condiciones y a la vez mostrarlo a la gente”, precisó.

Este museo, continuó, coincide con el resto de sus proyectos en el rescate del espacio público que ante el crecimiento desmedido de las ciudades se ha perdido. Son jardines, terrazas o salas de exhibición amplias que buscan socializar con la gente.

“Si uno quiere un espacio público en estos tiempos, qué mejor que un museo”, concluyó.

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