Peter Greenaway propone alfabetización visual

El cineasta británico asegura que tener ojos no garantiza saber mirar; participó en el 14 Congreso de Arquine

Sonia Ávila

12/03/2013 01:34

Peter Greenaway propone alfabetización visual

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CIUDAD DE MÉXICO, 12 de marzo.- Tener ojos no garantiza saber mirar, afirma Peter Greenaway (Newport, Gales, 1942), cineasta que rechaza al espectador pasivo y sedentario, al productor comercial, a la sala de proyección oscura y a la pantalla de cine o televisión de un solo ángulo.

Entonces propone una alfabetización visual en la que el cine se construya de historias e imágenes con movimiento propio que provoque al público para una interacción cercana con
el cineasta.

Es una cinematografía, explicó, que apuesta por la revolución digital que sirva de herramienta para modificar el cine día a día: “Poder enseñar el lunes por la noche una película y el martes esa misma pero con otras posibilidades”, afirmó quien se ha mantenido escéptico a las fronteras del cine y otras disciplinas.

De visita en la Ciudad de México para participar en el 14 Congreso Arquine, el productor y director de El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante (1989) y Los libros de Próspero (1991) dijo que tener a decenas de espectadores sentados mirando una sola perspectiva no es hacer cine.

“Hemos estado jugando este juego estúpido durante todos estos años, donde la gente está 120 minutos sentada viendo hacia una dirección, sin moverse ”, acotó.

Él defiende el séptimo arte que sale de la pantalla, no en el sentido comercial con efectos especiales, sino el que motiva el pensamiento con encuadres dinámicos, composiciones cargadas de color y luz, actores que se reinventan en la actuación, e historias ajenas a la literatura.

“La pantalla es como un socio durmiente y depende del contenido para el que la hemos usado. Se sigue manteniendo en esa posición fija y no es curioso que hayamos elegido este rectángulo donde ponemos artes plásticas, pues la televisión copió al cine y el cine copióo a la literatura”, comentó en la charla que ofreció anoche en el Teatro Metropólitan.

A ello responden sus producciones que se caracterizan por la superposición de imágenes, por el uso excesivo de luz, por el movimiento de cámara que busca un juego de perspectivas y por las narrativas que surgen, principalmente, de la historia de la pintura. Películas que en su mayoría semejan más cuadros al óleo con la intención de reinventar el cine.

“Una curiosidad que puedo compartir es el hecho de que no tenemos un cine basado en imágenes, es uno basado en texto y cada película se relaciona con la escritura. El cine está más relacionado con las bibliotecas porque son películas de libros ilustrados”, reclamó quien estudió artes plásticas en Walthamstow College of Art.

Justo por sus primeros estudios en arte pictórico es que sus producciones son, en su mayoría, historias relacionadas con el arte barroco, incluso en varios casos, obras de Caravaggio, Rembrandt o Rubens son el eje conductor de sus historias.

Es el caso de la serie Las maletas de Tulse Luper, tres películas en las que aborda la relación del cine con las estructuras museísticas y las nuevas tecnologías, o la película de Nightwatching donde habla del cuadro La ronda de noche de Rembrandt.

Pero más allá de ser documentales, las casi 15 producciones que ha hecho desde los años 80 ofrecen una nueva mirada de la historia oficial, a veces real y otras ficticia, y responden a las posibilidades que Greenaway encuentra en el espacio de la pantalla; este último entendido como el entorno exterior. 

 “Siempre pensé que la gran arquitectura que practicaba la escritura sugería que la mejor educación para alguien era ser entrenado como arquitecto. Como arquitecto tenías que aprender a manejar material, tener noción del espacio, de las finanzas, de la historia de la civilización, de lo que pensaban, donde te ubicabas en esa civilización”, explicó quien en la década de los 70 experimentó con estructuras aritméticas en películas como Vertical Features Remake.

Además del espacio, el cine de Greenaway se caracteriza por la exhibición del cuerpo humano desnudo en un sentido anatómico, que sirve para representar desde lo más erótico hasta emociones más animales.

Al final, el artista de 70 años de edad, confesó que su búsqueda es por la democratización del arte. “Hay un sentimiento de que la noción del artista y no artista es lo mismo, son figuras iguales. Hay alguna manera en que no haya diferencia entre artista y espectador y es la base de la democratización del cine”, concluyó.

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