CIUDAD DE MÉXICO, 10 de marzo.- La vida del volante Segundo Castillo (1982) no ha sido fácil. “Decidí quedarme en México a pesar de tener ofertas de mi país por la comodidad en que viven mis hijos. A su edad yo no la pasaba tan bien”, refiere.
Segundo Alejandro Castillo nació a las orillas del Río Cachavi, en el Municipio de Esmeraldas, Ecuador. Para llegar hasta esa zona tupida de vegetación en los altos montes cruzada por los esteros es necesario subirse a un viejo ferrocarril que hace diferentes paradas. Ahí sigue viviendo su madre y algunos de sus hermanos. Segundo Castillo no olvida sus raíces. Es como si estuviera enchufado a los sentimientos de su familia.
“Mis padres fueron campesinos puros, de los que se ganaban el pan apenas salía el sol trabajando y paraban hasta el anochecer, siempre duro”, recuerda. “En mi casa me dicen Alejo, soy el segundo de siete hermanos, de ahí mi nombre y también porque mi padre se llamaba como yo”, cuenta el jugador del Puebla.
¿Le costó mucho salir de la sierra para jugar futbol?
Sí. Claro que cuando uno es niño no siente tanto el esfuerzo, los que se cansaban eran mis papás, pero había una canchita de tierra en la zona rural donde vivíamos. Me acuerdo que nunca de niño tuve una pelota, casi siempre jugaba con balones prestados por otros chicos, nunca fui dueño de un balón.
Impulsado por su madre
Así pasó su niñez Segundo Castillo, ayudando en las labores de la tierra y haciéndose ideas indescifrables de su futuro, pero de repente, y no lo podía creer, un ex jugador lo observó y le dio la gran oportunidad de probarse en el Espoli de su país, a los 17 años, cosa que sólo era un sueño. Entonces el futbol se hizo real, pero hubo dificultades.
“Todo iba bien hasta el fallecimiento de mi padre. Entonces mi mamá tuvo que duplicar esfuerzos y sacarnos adelante con trabajo y educación”, recuerda.
Ahora la casa donde vive su madre tiene baldosas y una fachada agradable en donde puede descansar todos los días viendo el atardecer.
Casi toda su familia está ahí en la sierra y siguen sus actuaciones de cerca, sabiendo, al inicio del Clausura 2013, que cada partido que jugara Segundo con el Puebla sería como si la vida entera se le fuera en ello. Ya no.
El equipo de La Franja está en puestos de clasificación, poco a poco se aleja de la zona de descenso y, eventualmente, aspiraría a algo más, pues una vez en la liguilla cualquier equipo puede hacerse del título. Sin embargo, ni se siente salvado del descenso ni clasificado. Más bien apela al trabajo, porque sólo así, picando piedra, recuerda, ha podido llenar su hoja de vida en el balompié profesional.
“Trato de poner mucho esfuerzo, es el sello de mi vida y de mi trayectoria. De esa forma pude llegar al Mundial de Alemania 2006 y a partir de ahí muchas cosas cambiaron”, refiere.
“Todos en mi familia tenían mi playera puesta en la casa, se las envié para que me apoyaran”, relata con emoción.
En aquel Mundial pudo participar tres juegos al lado de su amigo Félix Borja, quien también fue su compañero en el Pachuca y ahora tratan de escribir páginas de éxito en el Puebla, un equipo que por su forma de jugar y sobre todo por el estratega, Manuel Lapuente, un viejo lobo de mar, podría ser el caballo negro del campeonato. Pasan las jornadas del torneo y el Puebla es un hueso muy duro de roer.
“Estamos en esta aventura, en un club grande como el Puebla en donde tenemos que pensar en positivo para evitar el descenso”, insiste Castillo y evita echar las campanas al vuelo.
Ya en un plano más privado, el ecuatoriano ha encontrado una fortaleza en la rutina con la que vive en México.
Le gusta la ciudad de Puebla porque es cálida, “estuve en Belgrado, fui campeón con el Estrella Roja, ¡pero qué frío!; en Inglaterra estuve en el Everton y Wolverhampton. Me impresionó la pasión del futbol, pero acá en Puebla y en México se siente uno mejor, como en casa”, asevera.
Este torneo, Segundo Castillo ha jugado de titular todos los partidos con el Puebla, que hoy recibe en el Estadio Cuauhtémoc a los Pumas de la UNAM.
