Exiliados en México siguen con miedo

Pese a la muerte del presidente Hugo Chávez, venezolanos radicados en el Distrito Federal se muestran cautelosos al opinar sobre el futuro de su país

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CIUDAD DE MÉXICO, 7 de marzo.- Más de seis años después haber abandonado Venezuela, a tres mil 500 kilómetros de distancia y con al menos siete países de por medio, todavía muchos venezolanos que residen en México tienen miedo de mencionar su nombre y apellido cuando de criticar al gobierno chavista se trata, pues piensan que pueden sufrir represalias.

En el restaurante de comida típica venezolana Hallaca, ubicado en la colonia Polanco, los sudamericanos se sientan frente a una pantalla a ver las noticias que transmite Globovisión, el único canal de televisión de ese país que se atrevió a criticar a Hugo Chávez durante su gobierno.

Alrededor de los comensales están las banderas de  Venezuela, y frente a ellos la transmisión del cortejo fúnebre del comandante y líder que los obligó a salir de su país.

“Nosotros no migrábamos, este fenómeno comenzó a raíz de que Chávez llegó al poder y el país en lugar de avanzar se volvió retrógrada. Yo salí justo antes de las elecciones de 2006 y dije ‘más vale aquí corrió que aquí murió’”, comenta una ingeniera en sistemas computacionales que, como la mayoría de los venezolanos que viven en México y critican al gobierno chavista, prefiere omitir su nombre para que nadie los afecte a ellos o a sus familias que continúan viviendo en Venezuela.

Muchos de los venezolanos opositores al régimen de Chávez separan su ideología política con la muerte del comandante, pues afirman que al final es un ser humano y consideran su enfermedad como una desgracia.

“No me alegro, porque no me alegra el mal ajeno”, dice otra comensal.

“La enfermedad de Chávez es una situación que hay que respetar; mi papá también murió de cáncer”, comenta Rafael González Ampuea, director general del restaurante La Hallaca, quien asegura que en la elección presidencial del 7 de octubre votó por la oposición.

Sin embargo, hay venezolanos más enojados con el sistema y sí aceptaron sentirse contentos por la muerte del comandante.

“Yo estoy feliz, espero que con este hecho Venezuela vuelva a la normalidad”, dice Paola Henao, encargada del restaurante venezolano Arepera Alma Llanera.

Hace seis años Paola Henao pisó México en busca de una mejor vida, porque allá en la provincia de Tutacas no tenía derecho a un trabajo estable, a una hipoteca o a cualquier otra prestación por estar en contra de  Chávez.

“Prácticamente estabas jodido”, admite Paola.

Pero según varios venezolanos, el panorama adverso no sólo lo padecen los opositores, sino todo el pueblo. Hay escasez de productos básicos como: frijoles, harina pan base para las arepas (como si en México faltara el maíz para las tortillas), café, pañales, azúcar. Hay sudamericanos que deben llevarse las bolsas de harina pan de aquí a Venezuela para que sus familias puedan consumirla.

“La gente ahorita sobrevive. Los que están ahí llorando, haciendo ese espectáculo frente a la carroza de Chávez, es porque se acostumbraron a que les regalaran, pero no a exigir un trabajo; en Venezuela ya no hay empresas”, afirma otra venezolana.

“En Caracas te matan hasta por un celular”, dice Paola Henao.

Aunque en los rostros de los venezolanos es evidente la incertidumbre y preocupación por la vida política de Venezuela con la ausencia del comandante, los opositores guardan un aliento de fe para que su país se encamine hacia la democracia y de una vez se detenga la crisis económica que padecen.

Pero también tienen la esperanza de que los venezolanos vuelvan a unirse y hagan a un lado los odios y las divisiones que dejó el gobierno de Hugo Chávez: por una esquina están los opositores y por otra los fieles al proceso socialista del comandante.

“Pido una reconciliación total, no puede seguir esa división entre familias, entre vecinos; imagínate cuántas relaciones se han terminado entre hermanos, padres e hijos por ese maldito odio que existe en Venezuela por la política”, expresa Rafael González.

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