Florence Cassez
Fernando Serrano Migallón
31/01/2013 01:07
Florence Cassez se fue. Esa es la lisa y llana verdad, como el amparo que le concedieron; el saldo es una división de opiniones, una más que nos hiere y que nos confunde. Se va exhibiendo nuestras debilidades, nuestro desorden, el más puro desorden de corrupción y engaño, la frivolidad en la investigación durante años y el engaño a que la sociedad fue sometida.
Es cierto que las víctimas tienen derecho a la verdad y no a la venganza; es cierto que en caso de duda es mejor equivocarse en favor que en contra de un acusado; es completamente aceptable pensar que en un Estado donde no se respetan los procedimientos, no es el presunto culpable el que está en peligro sino toda la sociedad. Sin embargo, había indicios suficientes para pensar en una probable responsabilidad, había evidencia de que la ciudadana francesa había tenido algún rango de culpa, en ese caso, no era necesario confirmarla culpable sino subsanar el proceso y devolver, una vez subsanado las violaciones a sus derechos en el aspecto probatorio, a un tribunal competente para que, entonces sí, se hiciera justicia.
Es muy difícil el papel de juzgador, eso también es innegable, sin embargo, en este caso en particular quienes tienen mucho que explicar son los responsables de que ese proceso se llevara conforme a derecho. Desde luego, que una sociedad tan lastimada tendrá dificultades para procesar un hecho como el que tenemos enfrente; de ahí que se hablen tantas cosas, desde la corrupción hasta las presiones políticas; esto es una muestra de cuánto tenemos que trabajar todavía en nuestra cultura jurídica.
El derecho a la justicia no está reñido con los derechos de las víctimas; sin embargo, es importante hacer notar que los que han sido violentados en su derecho, injustamente, por particulares, tienen derecho a la reparación de su daño en tanto eso sea posible, tienen derecho a saber la verdad y que, en caso de ser hallado el culpable, se le castigue conforme a las leyes; respecto de los delincuentes, aun de los más atroces, tienen derecho a un juicio justo, con todas las formalidades y a una defensa, porque ese derecho les corresponde constitucionalmente, pero es también un derecho que nos corresponde a todos, un margen de seguridad que merecemos como ciudadanos para no quedar expuestos a la violencia ciega del Estado.
Lo que resulta inaceptable, que parece no sólo de mal gusto sino incluso una ofensa a la justicia y a las instituciones de nuestro país y desde luego a nuestra sociedad, es la recepción que en Francia hicieron de una mujer a la que nuestra justicia no declaró inocente, sino a la que dejó en la sospecha de la culpabilidad. Recibirla como si hubiera sido secuestrada por terroristas o por la guerrilla, asumir que fue víctima de un Estado represor e irresponsable, es ir muy lejos en la apreciación y las consecuencias.
En México nos quedamos con una tarea pendiente, no sabemos con precisión en cuántos casos se ha violado el derecho a un proceso justo y legal; nuestra cultura jurídica es deficiente y la confianza en las instituciones debe ser restaurada. El trago ha sido amargo, la medicina demasiado fuerte y, sin embargo, es nuestro deber como sociedad vigilar que estos penosos hechos no se cometan de nuevo. Nadie clame venganza, porque todo lo que necesitamos, cada uno de nosotros los ciudadanos, es justicia.
*Profesor de la Facultad de Derecho, UNAM
fserranomigallon@yhaoo.com.mx
