BAMAKO, 24 de enero.- Mali, como el Perú de Zavalita, en algún momento se jodió.
Cuándo y cómo no son preguntas de fácil respuesta en este caso, pero tengamos en cuenta que ésta llegó a ser una de las democracias más estables en África y hace apenas dos semanas su Presidente (provisional) tuvo que hacer un llamado a la comunidad internacional para salvar a su país.
Lo que ha ocurrido con Mali desde 1992, cuando celebró la primera elección democrática de su vida independiente y el estado en que se encuentra dos décadas después, sólo puede explicarse por el cruce de diversos fenómenos –étnicos, religiosos, políticos–, algunos de ellos son de reciente aparición pero otros con raíces en los orígenes de esta nación.
Uno de los problemas de Mali es una herencia de la etapa colonial de África, que este país comparte con casi toda la franja de naciones subsaharianas. El reparto de territorios entre las potencias europeas y el posterior proceso de descolonización dieron lugar al nacimiento de países sin identidad nacional ni unicidad cultural.
Uno de los principales instrumentos de los viejos dueños de esta parte de África fue la regla. Con ella se trazaron las fronteras que actualmente delimitan a países soberanos.
Ahí tenemos como ejemplo la frontera entre Egipto y Sudán, países que fueron regidos como una sola colonia por los británicos; o la frontera de Libia (posesión italiana) y Chad (colonia francesa), o cerca de la mitad del contorno de Argelia, el país más extenso de África.
Se le hizo fácil a los colonialistas trazar líneas sobre el mapa, olvidando que esas líneas dividían pueblos y ecosistemas.
Mali es una de las naciones que nacieron afectadas por esas líneas. Tiene una frontera lineal de mil 376 kilómetros con Argelia y 2 mil 237 kilómetros con Mauritania.
El problema no es que sus fronteras sean rectas sino que el capricho geométrico de los europeos dispuso que en un mismo territorio –que se convirtió en país en 1960– quedaran pueblos que no tienen mucho en común.
Ese tipo de divisiones, en Mali y en otros países, fue la causa de que dos o más pueblos que históricamente habían resuelto sus diferencias pelearan por quién se quedaría con todo cuando los europeos decidieron por fin irse.
En Sudán, provocó dos guerras civiles, largas y sangrientas, resueltas con la división del país hace año y medio. En el resto de los países de la franja sólo ha habido dos opciones: sometimiento de la minoría o conflicto.
A diferencia de Sudán, donde la población árabe y musulmana discriminó al sur negro y cristiano, en Mali el poder ha estado en manos del principal grupo étnico negro, los bambara, que durante medio siglo ha sometido a la minoría tuareg del norte del país.
Los tuareg no son árabes. Su idioma es el tamashek, que tiene su propia grafía. Son un pueblo nómada del Sahel, el semidesierto que forma la transición entre el Sahara y la sabana tropical, desde Mauritania hasta Eritrea.
A la manera de los kurdos, los tuareg quedaron divididos cuando los colonialistas europeos repartieron el vasto territorio que ellos llaman hogar entre varios países a los que se otorgó la independencia en la posguerra, principalmente Mali, Níger, Argelia y Libia.
Los bambara de Mali no fueron los primeros en someter a los tuareg. Ya lo habían hecho los franceses durante la era colonial.
Dirigidos por el líder Kaocen, los tuareg se rebelaron contra los franceses pero fueron aplacados. Luego, en mayo de 1958, varios líderes tuareg escribieron al presidente francés René Coty para pedirle a la potencia colonial que cuando desocuparan su tierra los dejaran a cargo de ella, es decir, en un país de los tuareg.
Ellos no querían formar parte del Sudán Francés, como se denominaba entonces la parte de las posesiones francesas en África occidental que terminaría llamándose Mali.
Por eso, cuando Mali se independizó el 22 de septiembre de 1960, comenzaron los problemas con la mayoría bambara del sur.
Y lo mismo sucedió en la relación entre los tuareg de Níger con los djerma, el grupo hegemónico de ese país.
En Mali, estallaron rebeliones tuareg en 1963 y 1990, que fueron aplacadas a sangre y fuego. Con el inicio de la democracia maliense se abrió una posibilidad de entendimiento, incluso se firmó un pacto nacional en 1992, que dio autonomía al norte del país e incorporó a los guerrilleros separatistas en las filas del ejército, a la manera de lo que ocurrió en la transición sudafricana.
Sin embargo, en 2007 los tuareg volvieron a rebelarse, alegando violaciones al pacto. El movimiento insurgente comenzó en Níger, donde los tuareg también son minoría, y se extendió al norte de Mali, pero se contuvo a instancias del entonces líder libio Muammar Gadhafi, quien tuvo ascendencia sobre los tuareg desde que tomó el poder en 1969.
Al margen de esa dimensión étnica, el actual conflicto en Mali –que comienza justamente con una cuarta rebelión tuareg—tiene una dimensión religiosa. Para entenderla, visité al sacerdote español Manuel Gallego Gómez, vicario de la catedral de Bamako, en su oficina de esta capital.
Gallego llegó a Mali en 1977, luego de una breve estancia en el Congo, para trabajar en misiones de la orden de los Padres Blancos, fundada por Charles Lavigerie para llevar el evangelio a África y denunciar la esclavitud.
Actualmente, apunta el religioso español, los cristianos de todas las denominaciones en Mali, incluyendo los católicos, suman alrededor de un millón de personas (de un total de 15 millones de habitantes que tiene este país abrumadoramente musulmán).
Nacido en Jaén, Gallego dice que Mali ha sido tradicionalmente un país tolerante en materia religiosa, pero que eso comenzó a cambiar hace unos 20 años con la llegada de dinero saudita para fundar mezquitas y ganar adeptos para la rama wahabita del islam.
Como en todo país con el grado de pobreza que tiene Mali –se encuentra en el lugar 175 de 182 en la lista de Desarrollo Humano de Naciones Unidas—las organizaciones religiosas se vuelven clave en la atención de la sociedad, mediante la creación de escuelas y dispensarios.
Los wahabistas tienen muchos recursos, señala el padre gallego. Por eso son capaces de pagar la peregrinación a La Meca de miles de malienses, quienes regresan a su país con una idea cambiada sobre la religión.
“En Mali casi todos son animistas, más allá de que se hayan convertido al islam o al cristianismo. Tener imágenes en sus casas es parte de su cultura, pero los wahabistas les dicen que eso que practican no es el verdadero islam y la gente regresa a quemar sus fotografías.”
Agrega: “Aquí la práctica del islam había sido muy liberal. Incluso hay quienes toman y consumen cerdo sin dejar de ir a la mezquita, pero eso está cambiando”.
Debe ser fuerte la persuasión saudita, pues cuando Iyad ag Ghali, el líder del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) –la principal organización tuareg, fundada en 1987—fue enviado a Arabia Saudita a representar diplomáticamente a Mali, como parte de los acuerdos de paz de 1992, regresó convertido en un islamista radical, al punto de que sus compañeros del MNLA lo desconocieron.
Pero el integrismo no sólo llega desde la Península Arábiga sino de Argelia, Túnez y Egipto. De allá se ha introducido a Mali el salafismo, la corriente ultraconservadora del islam que pretende el regreso a los usos y costumbres de los tiempos de Mahoma.
Desde hace algunos años, el norte de Mali es el destino de salafistas asociados con el terrorismo. Los primeros empezaron a llegar a finales de los años 90, cuando el gobierno de Argelia se enfrentó con los integrantes del Grupo Islámico Armado (GIA) y éstos buscaron santuario en los países vecinos.
Por su parte, Iyad ag Ghali, el ex líder de la rebelión tuareg de 1990, formó su propio grupo, Ansar Dine (o Defensores de la Fe). A diferencia del pasado, Ag Ghali ya no está interesado en la independencia de Azawad, el territorio que reclaman los tuareg en el norte de Mali, sino imponer la sharia en todo el país.
Relacionada con organizaciones como Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en el Oeste de África (MOJWA), Ansar Dine se montó en la última rebelión tuareg, iniciada el año pasado. Al principio, el MNLA y Ansar Dine actuaron junto en la ocupación de ciudades y pueblos del norte de Mali, pero el 27 de junio de 2012 se enfrentaron militarmente en Gao y la organización integrista y sus aliados terminaron por desplazar a los separatistas.
No sólo eso: durante los varios meses que duró la ocupación de los integristas del norte de Mali fue aplicada duramente la ley islámica. También se supo de la destrucción de templos católicos y de otras expresiones de fe en la zona.
En la anterior rebelión tuareg, en 2007-2009, los yihadistas ya habían mostrado su capacidad de manipular el movimiento tuareg, cuando secuestraron en Níger a Robert Fowler, un diplomático canadiense, y a otros occidentales, en el marco de la negociación de la paz.
Por cierto, el hombre que dirigió el secuestro de Fowler no es otro que Mokhtar Belmokhtar, a quien se señala como el autor intelectual de la toma de rehenes la semana pasada en una instalación de gas en el poblado argelino de In Amenas (nombre tuareg que significa “en la cima de la montaña”).
Otra cosa que ha empeorado el panorama en Mali y el norte de África es el desplome del régimen de Muammar Gadhafi en Libia. El asesinado líder libio era conocido por manipular a los tuareg para conseguir mano de obra barata y soldados, a cambio de otorgarles ciudadanía, pero también sabía ponerlos en paz cuando le convenía hacerlo.
Su asesinato y la salida masiva de armas de Libia pueden verse reflejados en la inestabilidad de toda la región.
Curiosamente, en 2011 me tocó ver en Bengasi, Libia, el mismo despliegue de banderas francesas, por parte de quienes agradecían la intervención militar liderada por París, que las que se ven ahora en las calles de Bamako. Francia parece estar enfrentando en los polvosos caminos de Mali las consecuencias de sacar a Gadhafi del poder a golpe de misiles.
Acusan a ejército de ejecuciones sumarias
Un grupo francés de derechos humanos acusó ayer a las fuerzas malienses de perpetrar decenas de “ejecuciones sumarias” y otros abusos mientras contraatacaban a extremistas islámicos atrincherados en el interior del país africano, con el apoyo clave de soldados y bombardeos franceses.
La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) exhortó a la creación de una comisión independiente para que investigue los crímenes y castigue a los responsables.
La FIDH afirmó que las fuerzas malienses fueron responsables de unos 33 asesinatos —incluyendo de tuaregs étnicos— desde que comenzaron los enfrentamientos el 10 de enero en el estrecho cinturón entre el sur controlado por el gobierno y el norte, que está bajo control de extremistas vinculados con Al-Qaeda desde hace meses.
El grupo de derechos humanos no especificó la fuente de su información. Los periodistas no tuvieron acceso al área mientras trataban de reportar la intervención francesa que comenzó el 11 de enero, respaldada por una fuerte campaña militar aérea.
La acusación se conoce mientras Francia sigue recibiendo respaldo internacional por la intervención. Autoridades en el Pentágono prevén que la operación de transporte de fuerzas francesas hacia Mali en aeronaves estadunidenses proseguirá por dos semanas más. Cientos de soldados africanos de Nigeria, Togo, Burkina Faso y Senegal también se están uniendo.
Grupos de derechos humanos han manifestado su preocupación por la situación en Mali, en particular por las actividades de los soldados malienses “y por una serie de ejecuciones sumarias” en los poblados de Sevare, Mopti, Niono y en otras líneas de enfrentamiento.
En Sevare, al menos 11 personas fueron asesinadas en un campamento militar, cerca de la estación de autobuses y del hospital local, mientras que “información creíble” apunta a otras 20 ejecuciones y cadáveres “sepultados apresuradamente”, indicó la FIDH.
En tanto, unos mil soldados de las tropas africanas de la misión de apoyo a Mali (AFISMA) están ya desplegados en ese país, donde se han unido a la operación franco-maliense destinada a recuperar las provincias septentrionales, en manos de rebeldes salafistas, informó el ejercito de Francia.
Una portavoz del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas indicó que cerca de mil soldados de Níger, Nigeria, Togo y Benin han llegado al país, y aseguró que el despliegue en Mali de la AFISMA se está llevando a cabo “rápidamente”.
La representante del ejército prefirió no especular sobre el número total de militares que integrarán la misión, pero fuentes del ejército de Mali indicaron esta semana que la cifra se podría elevar hasta los tres mil 300.
El contingente que ya ha llegado al terreno, según la portavoz, no se encuentra solamente en la capital, Bamako, sino “un poco por todas partes, allá donde están actuando las tropas francesas y las malienses”.
Francia espera que el ejército de Mali pueda controlar la situación en el país este año y que sus tropas regresen a casa lo antes posible, siendo sustituidas por fuerzas africanas, aseguró el representante militar galo ante la Unión Europea, Gilles Rouby.
Castigarán a soldado francés
El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas francesas afirmó ayer haber identificado al militar que exhibió en Mali un pañuelo negro que llevaba impresa una calavera, y avanzó que estudia qué tipo de sanción podría recibir.
“El soldado ha sido identificado. Hay un estudio de sanción en marcha”, indicó el portavoz del ejército, Thierry Burkhard, en una conferencia de prensa sobre el análisis de la situación en ese país africano.
La polémica se desató con una fotografía de la agencia AFP, que captó a ese militar, cuya identidad no ha sido facilitada, en el momento en que portaba ese pañuelo para protegerse del polvo.
Esa imagen, tomada en Niono, en el centro de Mali, se difundió rápidamente en las redes sociales, y pese a las críticas y las dudas de algunos internautas, para quienes el legionario posó para el fotógrafo, su autor, Issouf Sanogo, asegura que el resultado no es fruto de ninguna escenificación.
“El soldado no posó. No hay ningún tipo de puesta en escena. El tipo sólo estaba allí, protegiéndose la cara del polvo, a la espera de que un helicóptero aterrizara. Nadie, por otra parte, intentó impedir que hiciera la foto”, indica en el blog de France Presse “Making of/Les coulisses de l’info”.
Burkhard declaró en otra conferencia de prensa que el comportamiento de ese militar no era aceptable, pero hizo hincapié en que a su juicio no era “representativo de la acción de Francia en Mali a petición del Estado maliense”.

