Aspiración y consumo
Yuriria Sierra
Llegamos a la conclusión de que no todo es trabajo del gobierno; nosotros también tenemos responsabilidad sobre nuestras vidas 18/01/2013 00:07
La sensibilización viciada o la “insensibilización ante el espanto a fuerza de hacerlo rutinario”, como lo escribe Guillermo Sheridan en su última entrega en Letras Libres. Esa rutina a la que hemos estado expuestos como ciudadanos de un país que cuenta en demasiadas, en cientos, en miles de manos a sus muertos, víctimas de su guerra contra el narcotráfico, y ésa será, tal vez, la primera de las consecuencias que a nivel social podemos escribir: ya no nos asustamos, dejó de ser la nota de ocho columnas para entonces convertirse en un apartado diario que, eso sí, sólo las va contando como cuando el medallero en tiempos olímpicos.
Pero no sólo es esto, son también muchas otras las consecuencias hasta en las costumbres, en los hábitos diarios, no sólo en las emociones. La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales hacía públicos los resultados de su última investigación, que concluía que para las nuevas generaciones los narcotraficantes son modelos a seguir.
El dinero, el poder... todo eso que encierra el mundo de los grandes capos del narcotráfico se ha convertido, según ese estudio, en el más recurrente de los modelos aspiracionales para los jóvenes entre los 13 y 15 años de edad. Si bien el estudio tuvo una muestra de mil 400 alumnos de secundaria de ocho estados del país, alarma, pues es increíble que la sola idea de lo que va de la mano al narco ocupe un espacio inmediato en la mente colectiva de los más jóvenes, quienes deberían tener frente a sus ojos a mejores ejemplos. Aunque cómo puede ser distinto con la realidad del país.
Y es que otros números, que hablan ya de ciudadanos de mayor edad, números arrojados por la Primera Encuesta de Usuarios de Droga, realizada por la Comisión de Derechos Humanos del DF, dicen que esos adultos productivos, con estudios y trabajo fijo, ocupan el primer lugar en el consumo de droga.
Sorpresivo, por supuesto, y es que la referencia más inmediata de un adicto (con mucha pinta de discriminación) era el de una persona sin empleo, sin futuro. Pero los resultados de este análisis dicen lo contrario y eso habla aun peor de una sociedad que por un lado se aterra de los cárteles de la droga y lo que hacen, pero por el otro consumen lo que éstos producen.
Insensibilización hasta para con la propia vida; tan mal ejemplo para las nuevas generaciones. La guerra contra el narco tiene tantos flancos por los cuales podría atacarse. Vemos aquí que mejores y más eficientes programas de prevención sobre el consumo es uno de ellos.
Y entonces llegamos a la conclusión de que no todo es trabajo del gobierno; nosotros también tenemos responsabilidad sobre nuestras vidas y para ofrecer mejores ejemplos a las generaciones que vienen.
Qué difícil ver que uno de los mayores problemas del país tiene tantos incisos que debemos entender, para lograr así una mejor estrategia para atacarlo. Difícil y triste, aunque no imposible.
