Valerian y Laury
Joselo
18/01/2013 00:55
En esta Navidad que acaba de pasar, mi hermano me regaló dos historietas (como les llamábamos antes): Las Célticas, de Hugo Pratt, que recopila tres historias de Corto Maltés y el tomo 03 de Valerian, dibujado por Mezieres y escrito por Christin, que reúne, también, tres historias del agente espacio-temporal y su compañera Laury.
En realidad debería ser yo quien le regalara este último a él. En la repartición que hicimos de los cómics que nuestros padres nos compraban de pequeños, yo me quedé con todos los álbums de Valerian. Claro, él se quedó con los de Lucky Luke y los de Asterix y Obelix.
Todos estos cómics franceses, junto con otros como Blueberry, los podías comprar en cualquier librería, y hasta en el supermercado más cercano. No eran tan difíciles de conseguir ni resultaban objetos tan ajenos. El Aurrerá cerca de mi casa tenía una sección de libros que competiría con cualquier librería de la actualidad.
Antes de cumplir los diez años yo hacía trabajos domésticos para que mi madre me diera dinero, el cual juntaba para poder comprarme estos cómics y otros libros. No me daban el dinero así nada más. Gracias a ello me hice un experto en lavar trastes. Ahora, aunque muchos no me creen, no me pesa tanto lavar los platos después de una comida en casa, supongo que me trae más recuerdos buenos que malos. Lavar no era un castigo, traía su recompensa. (Espero que haber escrito esto no sea usado en mi contra y me quieran convertir en un mandilón. En un lavaplatos. Además, los guitarristas no debemos mojarnos mucho las manos con agua fría, que conste).
Valerian era mi favorito de estos cómics franceses, mejor conocidos en este mundillo como álbums.
Valerian y su compañera Laury eran agentes espacio-temporales y vivían aventuras en diferentes mundos o en diferentes épocas. Si bien al releerlos a mi edad actual los encuentro un tanto infantiles, hay conceptos que me siguen entusiasmando, historias bien logradas y, sobre todo, lo que más sorprende, es la influencia que este cómic tuvo en las primeras películas de Star Wars.
Recuerdo que en aquella época lejana, mi hermano Quique y yo hacíamos cómics. Dibujábamos en cuadernos historias diversas, yo de ciencia ficción y de agentes secretos tipo James Bond, y mi hermano del oeste tipo Lucky Luke. Mi hermano era, y es, mejor dibujante que yo, pero aun así yo me ponía a dibujar como me saliera. Tengo muy presente una ocasión en que copié una de las naves que salían en el cómic de Valerian. Quique me dijo que no se valía, que debería diseñar mis propias naves. “¿Quién se va a dar cuenta?”, respondí.
Ahora estoy leyendo de nuevo El imperio de los mil planetas, el primero de lo álbums de Valerian, publicado por primera vez en 1971, y descubro un personaje con un casco que se parece demasiado a Boba Fett. El personaje es un sacerdote, que junto con otros igual que él, se esconden tras este casco-máscara. Hacia el final del cómic hay una escena en donde uno de ellos se quita el casco y parece que fuera Darth Vader mostrándonos su verdadero rostro.
George Lucas no tuvo un hermano que le dijera: oye, eso no se vale, ¿será que él se quedó como yo, pensando que nadie se iba a dar cuenta? Capaz que en la década de los años 70 Francia estaba muy lejos de Estados Unidos; todos los países estaban separados, como planetas, como galaxias en el espacio.
Muchos amantes del cómic le dan su lugar a Mezieres, quien dibujó mundos alienígenas que han inspirado a escritores y cineastas del mundo entero.
Nunca ha habido una acción legal contra Lucas en este sentido, porque, de todos modos, no existe nada completamente original. Al menos eso dicen.
George Lucas se sale con las suyas tomando prestado un guión (La fortaleza escondida), una ambientación (de los álbums de Valerian, por Mezieres y Christin), y la lectura de Joseph Campbell de los mitos y del héroe de las mil caras.
El chiste, ahora me doy cuenta, no sólo es decir, “¿quién se va a dar cuenta?”, sino “qué me importa que se den cuenta”.
Ahora la gente lee a Valerian y Laury, ven la película de Kurosawa, leen a Campbell buscando, rastreando esas influencias para desarmar el fenómeno de Star Wars.
Y bueno, así es la cultura. A veces vamos pa’ delante, y a veces pa’ atrás.
