Los arcanos del PAN
José Elías Romero Apis
18/01/2013 00:00
Es bien sabido que no soy panista. Pero tampoco me resulta grato lo que le está sucediendo al PAN. Estoy muy convencido de las bondades del sistema de partidos y creo que no es bueno que ninguno de los tres grandes partidos mexicanos sufra disminución, desunión, disgregación, disolución, devaluación, dispersión, división, disfunción ni, mucho menos, desaparición.
También creo que lo ideal es tener buen gobierno y buena oposición. Lo catastrófico es que ambos sean pésimos. Lo intermedio es que sólo sirva uno de ellos. Si el gobierno es muy eficiente, no es tan grave la impotencia de la oposición. Pero si el impotente es el gobierno, la única salvación reside en la oposición.
La oposición es, incluso, de lo mejor que puede tener un gobierno. Ella lo impulsa ante sus negligencias, lo contiene ante sus excesos y lo guía ante sus extravíos. Es el mejor motor, el mejor freno y la mejor contraloría del gobernante. Le da lo que, muchas veces, no le surten ni los leales ni los serviles. Le informa de lo que él no advierte o de lo que no previene. Es el vigía de mástil que le avisa si viene la tormenta, el iceberg o el enemigo.
Por eso es bueno el sistema de partidos simétricos y equilibrados. La diáspora del PRD y la desbandada del PAN no son un buen augurio. Máxime si la renovada popularidad del PRI lo coloca en el camino de un nuevo “setentenio” del siglo XXI. La sola idea me podrá entusiasmar pero, a la par, también preocupar. Porque en sus pasados 70 años de poder hubo grandes luminosidades que no debiéramos olvidar pero, asimismo, hubo grandes penumbras que no quisiéramos recordar. Y sólo el equilibrio de partidos consolida lo bueno y amortigua lo malo.
No sé si los panistas están tristes, están preocupados, están enojados o una combinación de todo. Quizá tienen razón en estarlo. No sé cómo reacciona, en estos tiempos, la sicología política del panismo frente a una derrota tan significativa como lo son siempre las derrotas electorales de los gobiernos en el poder. Esta es la segunda vez en 13 elecciones presidenciales que caen a la tercera fuerza. No han ganado muchas, pero no suelen perder tan fuerte. No sé si su sique los induzca a escaparse, a deprimirse o a crecerse.
Si se deciden por el escapismo estarán perdidos. Si buscan en otros a los culpables de su derrota lo único que van a encontrar son otras derrotas. Sus contrincantes podrían, desde ahora, iniciar sus celebraciones. Si se embarcan en la depresión la derrota se convertirá en fracaso, habida cuenta de las diferencias de magnitud que hay entre una y otro. Si, por el contrario, han optado por echarse para adelante, entonces es de suponer que, desde julio, estén trabajando para su rectificación y para su restitución. Pero aclaro que no sé cómo son ni sé lo que están haciendo. Supongo que lo sabrán quienes están obligados a saberlo.
La sicología política de la derrota no siempre funciona igual. En las elecciones norteamericanas de 1960 los republicanos sufrieron una apretadísima derrota, todavía hoy cuestionada. De allí partieron hacia una debacle depresiva que los llevó, en 1964, a su peor fracaso electoral perdiendo por algo así como nueve a uno que, en números de política, es un marcador peor que en futbol. Pero de allí cambiaron hacia adelante para triunfar en seis de las siguientes nueve elecciones. Porque la victoria electoral no sólo implica ganar, sino conservar el poder. Como reza el refrán ranchero, el que tuvo y no retuvo, nunca tuvo.
Pero en esto también la sique panista es todavía una incógnita. Han criticado hasta el cansancio que un solo partido haya retenido el poder durante setenta años, como si eso fuera un pecado y, además, imperdonable. Pero no estamos seguros de la sinceridad de ese discurso. Quizá practican el conformismo y las dos únicas veces les resultaron suficientes. Quizá practican las mentirillas blancas y no sea cierto que les repugnaría conservar el poder por setenta años. También aclaro que yo no sé cómo son ni cómo piensan en este sentido.
Es por eso que, a muchos, nos resulta incomprensible el reciente refrendo de militancia que abrió la puerta para que se evidenciara una reducción de 80% del combinado de militancia y adherencia. Nunca he sabido de un partido en el mundo que hiciera algo similar. Más aún, no supuse que alguno fuere capaz de hacerlo. Creo que se hizo un daño inexplicable e irreparable.
En la vida política y en la vida personal es un severo error demostrar debilidades y flaquezas. Por ejemplo, todos hemos escuchado o comprobado, hasta el cansancio, que “son muchos los conocidos, pero pocos los amigos”. Sin embargo, sólo un retromental declararía que tiene pocos amigos. No es aceptable presumir de lo que se carece. Pero es innecesario comunicar a los demás que se tiene poco dinero, o poco tiempo, o poco trabajo, o poca salud, o poco vigor, o pocos proyectos, o pocas esperanzas, o pocas ideas o pocas ganas. Ello sólo demuestra poca inteligencia.
*Político y abogado. Presidente de la Academia Nacional, A. C.
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