Cumbre Tajín: Y los dioses bajaron a la tierra...
La Cumbre Tajín reúne una vez a más a miles de turistas, quienes se llenan además de aromas, espíritus, humos purificadores y una permanente fascinación por las raíces y la mexicanidad
PDG
18/01/2013 11:11
CIUDAD DE MÉXICO, 18 de enero.- CIUDAD DE MÉXICO, 18 de enero.- Una vez más la magia del Tajín al alcance de sus sentidos.
El festival Cumbre Tajín 2013 espera recibir 200 millones de pesos y esta vez el encuentro presentará conciertos de los Pet Shop Boys, Smashing Pumpkins y Fatboy Slim, del 21 al 25 de marzo próximo.
Pero hay mucho más allá en una Cumbre Tajín.
Te presentamos una crónica escrita en en 2007 en la que se transmite el espíritu; asiste. No te lo pierdas.
El Tajín, Papantla.-- Es 16 de marzo. La visión nocturna obnubila los sentidos. El espectáculo de luz y sonido se proyecta sobre las pirámides, los nichos y los senderos de esta tierra bendita donde los dioses pretenden perpetuarse.
El Tajín es una danza de luz, magia y evocación a los espíritus. Es la reunión anual de las culturas y el encuentro de las generaciones.
Fulgura el recinto ceremonial totonaca en todos los tonos. Ya por momentos son rojas sus escalinatas, y ante el asombro de los visitantes se tornan a moradas en un espectáculo nocturno a cargo de Miguel Angel Negrete, productor general, y Salomón Bazbaz, productor ejecutivo del centro ceremonial, quien dice contundente: "Cada vez nos preocupamos más porque la Cumbre sea un espectáculo que brinde a todos sus visitantes una serie de actividades que permitirán perpetuar las celebraciones ancestrales en torno a nuestros sitios sagrados; nos ayuda a no olvidar sino nutrirnos de nuestras raíces".
Papantla recibe por octava ocasión a cientos de visitantes. Ya. La Cumbre Tajín. Su historia y sus leyendas. Hay, por supuesto, una actividad central: el equinoccio de primavera.
Dice doña Elba Almager, mujer que ha venido de Puebla:
--No olviden vestirse de blanco. Y su listón rojo en la cabeza. Hay que aprovechar para hacerse una limpia, para purificarse en el temazcal, para comprar, pues en estos días el Tajín es, además, un gran mercado. Vivamos el amor por las raíces, por las enseñanzas eternamente perdurables de los abuelos.
La Cumbre poseé tres elementos básicos: la majestuosa ciudad de Tajín, cuyo espectáculo nocturno vierte aromas de copal y yerbas medicinales. Siete estaciones habrán de recorrerse para satisfacer a los sentidos. El Tajín es paraíso de formas y colores.
El ritual inicia desde el acceso. Los viejos sabios, palmos de yerbas en las manos, y rezos ancestrales, murmullos interminables, invitan a sensibilizar el alma a través de un lugar misterioso y oscuro que se va abriendo entre el aire impregnado de copal, donde el grupo de médicos tradicionales brinda a los visitantes limpias ceremoniales de purificación.
Choca el rojo contra las escalinatas y la sombra de cada edificación realiza caprichosos trazos que cientos de cámaras capturan.
"A mí lo que más me gusta son los colores, las danzas y el sonido de flautas y tambores", atreve Alelí, una pequeña totonaca, nativa de Papantla, quien asiste con su abuelo a la ceremonia.
En la Pirámide de los Nichos se incorporan los "Quetzales" de Zozocolco, que con fastuosos penachos representan la invocación a los puntos cardinales, donde los danzantes giran imitando al planeta, la luna y el sol.
Son los niños totonacos quienes ofrecen a los espectadores caritas de barro rescatadas de pequeños bancos de arena mientras se vierten por toda la zona arqueológica los rezos de protección y la flauta acompaña cada paso de quien hoy visita la ciudad sagrada.
Los voladores realizan su vuelo en el árbol de la vida, de 22 metros de altura, desde donde invocan a las deidades por una buena temporada. Las imágenes colman de energía a los visitantes.
Son totonacas los policías de El Tajín: que nadie traspase las áreas protegidas. Que apenas se acerquen a los viejos que oran y cantan sin cesar.
Fuera los espíritus. los cuatro puntos cardinales otorgan el permiso para iniciar la Cumbre. Otra de las danzas tradicionales totonacas, "la Danza de los Negritos", combina los colores de paleta antigua y el atavío tradicional con la música de violín.
Este ritual lo conoce Alelí. Se la enseñaron en la escuela, como muchas otras de las leyendas de sus antepasados.
"Narra la historia donde el caporal es mordido por la serpiente de la maldad y antes de morir reparte los bienes a sus compañeros, pero su pureza lo salva; aquí surge Pilatos, el personaje del caballo de palo, la ropa vieja y las bromas, él representa las tentaciones condenadas a fracasar al frente del fervor de la verdad".
Acaba la noche de viernes. Y uno de los paseos obligados es por el nicho de los aromas y sabores. Las cocineras totonacas disponen de una decena de pequeñas cabañas de donde emergen los vapores de la cocina.
Dice doña Estela:
--Pasen, sin miedo. Bienvenidos a esta tierra. Prueben, por favor, de cada kiosko uno a uno los platillos.
Y sí: Aquí, con doña Estela se ha guisado el pollo y las costillitas. Hay tortillas recién hechas y los visitantes noche a noche llegarán a saciar los paladares.
--Aquí podrán escoger a su elección lo que prefieran –comenta Martha Atzín, cuyo apellido significa gota de agua-- coordinadora del Nicho.
--Se trata de una muestra gastronómica en donde nos apegamos fielmente a lo más tradicional de la cocina en la región, para que todos la conozcan y regresen a sus lugares de orígen, con un buen sabor de boca y el recuerdo de aromas inigualables.
Los platillos:
Púlacles o tamales de frijol, frijoles en atchuchu, bollitos de anís, tamales de hojas de plátano, caldo de frijol, agua con chayote, cebollina, epazote, cilantro o chicharrón.
--También tenemos dulces como tintines, pemoles, los pastelitos de masafina, tés, café y atole.
Pero la oferta culinaria es vasta en la región del totonacapan. Pues sumado a los guisos históricos a unos metros de la Cumbre se encuentra, en los merenderos, algún pescado al mojo de ajo; camarones a la diabla, o sándwiches, tortas y hamburguesas. Hot dogs, refrescos, cervezas, clamatos o micheladas.
A las tostadas, los molotes, las enchiladas zampadas, las espolvoreadas totonacas: tortillas recién hechas al comal, hay que adicionar el restaurante italiano que ha sido concecionado en uno de los principales espacios del parque.
Flautas y tambores. Colores en grandes penachos. Voladores que arrebatan los sentidos. Culturas ancestrales que se niegan a morir.
Aromas y sabores.
Ya: El Tajín vive.
Energetizante. Magia y espíritus. Ayer y hoy.
Otro elemento básico de El Tajín es un patrimonio intangible: la cultura totonaca, que se puede apreciar a través de un nutrido grupo de actividades en el parque temático.
Las filas no terminan durante todo el día. Cientos de veracruzanos y muchísimos visitantes de otras regiones del país, pero sobre todo un buen grupo de extranjeros, franceses, alemanes, o españoles y argentinos, ha llegado hasta aquí y esperan pacientes bajo este sol que no conoce la clemencia.
Una vez dentro y autorizado por la minuciosa revisión, a hurgar por cada rincón del parque, en donde se han colocado stands, kioscos, tiendas, y la oferta de actividades es tan disímbola que va desde un concierto por la noche con Zoé y Belanova. Hasta las charlas de Teófila Palafox, la única y más experimentada cineasta indígena, cuyo trabajo en 8 milímetros la hace especial, a los ojos de los visitantes.
En el parque temático está el Nicho de la Purificación, en donde se podrán conocer los beneficios de la medicina tradicional, asistir a las terapias individuales, los temazcales, masajes, sanaciones y limpias.
O helados y hamburguesas. Y filas tan largas como las del ingreso.
Cuando el sol del mediodía baña de bendiciones a la comunidad entera, el gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, inaugura, a las 12 con 25 minutos, la Cumbre Tajín 2007 acompañado por su esposa, Rosa Borunda de Herrera, y refrenda su compromiso con el Totonacapan y el respeto a su cultura y a sus derechos.
Ha dicho el gobernador Fidel Herrera Beltrán que las ganancias se devolverán íntegras para la comunidad totonaca y para el apoyo educativo de casi cien de sus jóvenes.
Una mujer indígena resume en unas palabras lo que para ellos significa la Cumbre Tajín y sus beneficios inmediatos:
--..Te mereces un aplauso, señor gobernador.
Y el tercer elemento básico del Tajín es su patrimonio ecológico, que promueve el acercamiento a las bellezas naturales del entorno, vía el deporte de aventura.
La Cumbre Tajín, así, es turismo cultural, de espectáculos y de aventura. Es la oportunidad de energetizarse, de convivir unos minutos con los dioses, del trueque y el comercio.
Es tiempo de mitos, leyendas, costumbres y creencias.
Venir a El Tajín es, también, la oportunidad de visitar al estado que late, es conocer la Ciudad Sagrada, el Encuentro de Voladores de diferentes latitudes, la Casa Totonaca, los talleres étnicos, las danzas autóctonas, el teatro campesino, la Casa Xanath, la Casa del Algodón, Radio Tajín…
Y los conciertos: Mono Blanco, Belanova, Zoé, Byron, Sonex, Orquesta Centroamericana de la Papaya, Willie Colón, Chak, Cojolites, Dhruva, Moderatto, Colectivo Nortec, A contramar, Paco Rentería y Repercute, Paul Livingstone, Ma Faiza, Tibwa y Sindicato de Tamboreros, Jugosos Dividendos, Urukúngulo, Brujos de Jalcomulco, Son del mar, Inca Taki, Vakna Kobal, y Olivia Gorra "Chamánica".
La Cumbre es ritmo, ecología, totonacos, prehispanidad; el nicho de los Aromas y Sabores, el nicho de la Universidad Veracruzana, con exposiciones, poesías, cinematografía y artes visuales, entre otras actividades.
Y descenso de rápidos, bicicleta de montaña, rappel, cabalgatas, caminatas. Banquete para todos los sentidos, la Cumbre Tajín ha iniciado.
Vivamos el amor por nuestra tierra.
Papantla. Hace calor. De a poco arriban los visitantes. Al Centro Ceremonial y al Parque Temático. Es porque esta zona norte de Veracruz se ha convertido ya en un polo turístico obligado en los días a la espera del equinoccio.
Por ejemplo: dice Abel Rendón, quien viene desde Coyoacán, en la ciudad de México, y es apenas uno entre cientos de jóvenes que, estrafalarios –rastas, gorras de colores, grandes vestimentas, barbas desaliñadas— ha llegado a las puertas del Takilhsukut, a un par de kilómetros de El Tajín, sitio construido para dar curso a todas las actividades:
--Llegamos desde el jueves. Somos un grupo grande, pero siempre venimos al Tajín. Año con año. Una, para cargarnos de energía el 21 de marzo, o otra, para mercar nuestros productos. Nos dan chance de poner nuestros puestos en el suelo y dios quiera este año me vaya bien.
Apenas en unas horas ya me persiné: vendí un collar de 35 pesos. Ya salió, algo, pero ya salió.
Lámparas hechas a mano es lo que vende Abel. Y uno de sus clientes le gana un volado y de 600 se la lleva por 400.
--Así es esto. Le gustó la lámpara al Chavo, y que me gana en el volado. Pero va. Todo bien. Aquí a veces se pone medio tenso el asunto con los vigilantes que un rato te piden desalojes y al otro ya te dejan regresar. La neta es que la Cumbre está chida. Y ya verás qué gentió en unos días…
Por todo el camino brotan efímeros negocios: la Cumbre, además de un encuentro cultural, se ha tornado en una fiesta musical que cada noche presenta diversos géneros.
La oferta es singular: la cultura totonaca, cuyo tema central, este año, es la fertilidad, y una nueva perspectiva que se maneja entre la población de convertir al Festival en una segunda Quinta Vergara y su Festival Viña del Mar. Pero antes de los sueños musicales del futuro, El Tajín fue centro divino.
Su esplendor:
Fue El Tajín el centro político y económico más importante al norte del estado. Su poderío rebasó los límites territoriales y la cultura totonaca se insertó en la Sierra de Puebla: en Yohualichan las excavaciones arrojaron nichos, taludes y cornisas similares a las de El Tajín.
Al sur, para arribar a El Tajín feroces guardias inquisitoriamente indagaban los motivos de la visita. Superado este inconveniente, el acceso era directo a la Plaza del Arroyo, limitada a los cuatro costados por basamentos piramidales.
A un lado de la plaza del Arroyo, una gran cancha del juego de pelota, y después de cruzar el bullicioso mercado, tres campos más del ritual deportivo de la región. Cabezas de serpientes emplumadas con humanos emergiendo de sus fauces, narran el culto a Quetzalcóatl.
Hacia el centro destacaba la plaza principal, con la Pirámide de los Nichos, ofrendada al Sol. 365 nichos exactos.
A un lado, los seis paneles de la más famosa cancha de juego de El Tajín.
Sus relieves describen la preparación de la ceremonia y a los jugadores vestidos elegantemente, auxiliados por sus ayudantes. Y lo más importante: la recreación del sacrifico.
La vida por el sueño sagrado de transformarse en águila, el ave solar.
Un tercer grabado evoca el enfrentamiento de dos jugadores. Su símbolo es el movimiento, la unión de los contrarios. El final del juego se representa en el cuarto panel: aquel jugador que hace un movimiento contrario al destino del sol es decapitado y su sangre se vierte en la tierra sagrada.
Las dos últimas escenas tienen que ver con la fecundación de los líquidos sagrados; en una se alude al cultivo del maguey y al procesamiento del pulque, cuya celebración se realiza en el templo de los ritos acuáticos, con un sacrificio humano; en la otra imagen, el dios de la lluvia se autosacrifica, y en el templo aparece un sacerdote disfrazado de pez.
En la Pirámide de los Nichos, era complejo el rito para agradecer al Sol el crecimiento de las plantas y la unión del calor que representaba al elemento masculino con la tierra, la eterna femineidad.
El Sol-águila bajaba a la tierra. Y cumplía así su sagrada misión.
Son familias voladoras, y la tradición continúa.
Sorprenden en dos ocasiones los voladores de Papantla. Porque no son los valientes jóvenes o los viejos cargados de experiencia quienes ascienden al árbol de la vida.
Son pequeños de 12 años. Y ya van hacia la cima. Rosa Borunda de Herrera implementó la escuela de Niños Voladores y el proyecto crece cada día. Se trata de rescatar la cultura milenaria, en todos sus sentidos.
Dice Salomón Bazbaz, productor ejecutivo de la Cumbre: "La escuela surgió hace más de un año mediante el esfuerzo coordinado del organismo asistencial, gobierno del estado, Fideicomiso del Parque Temático Takilhsukut y organismos privados. Así, menores de 10 localidades de la región, entre ellos Coxquihui, Papantla y Agua Dulce, son apoyados con comida y transporte cada sábado para que acudan a recibir esta formación básica de nuestro legado ancestral".
Ya descienden los pequeños.
Pero el asombro no termina.
Horas más tarde serán mujeres las que realicen el ceremonial de las alturas. “Desde niña ya soñaba con volar. Me gustaba imaginarme en lo más alto del árbol de la vida, instantes antes de lanzarme al vacío”, revela Dolores Pérez, quien a sus 15 años es pionera, para confirmarlo abre amplios los brazos y asemeja el vuelo que durante siglos perteneció a un grupo especialmente elitista: el de los hombres.
Sus hermanas Soledad y Natividad, adolescentes, también son parte del grupo, junto con una de sus amigas, Virginia Vázquez.
Pero además de volar, las actividades en torno a esta tradición se multiplican en El Tajín.
Los niños voladores con apoyo gubernamental. Las mujeres voladoras, con la ilusion de también comunicarse con sus dioses.
Además, la escuela convoca a jóvenes cineastas, quienes han realizado reportajes y entrevistas con estos niños y mujeres voladores y tienen uno de los proyectos culturales más importantes no solo del Totonacapan.
"Debemos evitar que la danza del volador se siga desvalorizando", reta Bazbaz, que no deja de admirarse por el lento descenso de los voladores y su rito de vestimentas coloridas y ánimos sagrados.
Todos recuerdan el último vuelo de Jesús Arroyo Cerón.
En su nombre se realizan muchas de las actividades en este parque: cayó desde 15 metros mientras descendía y, entre música ancestral y la Mirada atónita de cientos de visitants, dijo adios.
Del árbol de la vida al respeto permanete, la veneración.
Ya son más de cincuenta niños; menos de cinco mujeres, que ya vuelan. Se han graduado y ya representan estos rituales en otras partes de la entidad y viajan por todo el país. Vivamos por perpetuar nuestros rituales.
El equinoccio o las piedras susurrantes. Ya es tiempo de recibir a la primavera. Y aunque científica y oficialmente entra a las 17:08 horas del 20 de marzo, es el 21 el día en que la gente más visita la zona arqueológica.
Se ha dicho que vendrán 30 mil personas.
Que los alrededores estarán llenos.
Que no habrá lugar ni para estacionarse.
Que hay que levantarse temprano.
Sea. Pero no: la realidad degolla cualquier suposición: la afluencia de visitantes es reducida, porque no son 30 mil, por fortuna, los que
acuden con la intención de cargarse de energía y buena vibra.
–Me voy a llevar unas piedras –dice Alelí, y observa las veredas de El Tajín y su río de pequeñas pìedras deslavadas por la historia.
–Mira esta. O esta, todas son bonitas.
Algo de especial deben tener las piedras recién cargadas de equinoccio. Pero ella exagera:
–Son piedras susurrantes. En ella se contienen todos los secretos de la región. Han sido testigos del paso de los siglos, de esplendor y de
derrumbe, de vida y ocaso. Ellas poseen la verdad del pueblo totonaca.
Quizás si las pongo bajo la almohada mis sueños me devuelvan al Tajín.
–Mmm, piedras susurrantes…
Caminan lentos, con los brazos abiertos, cientos de estos especiales peregrinos del sol primaveral. Se pinta de blanco la tarde entera;
los velos y las túnicas se cargan de energía.
Alguien bromea:
–¿Y tú, cuánto tiempo crees que nos dure esta carga?
–No sé. Con que dure las cuatro horas que dura mi celular.
–O las ocho de mi Ipod.
Viva el equinoccio en la Cumbre Tajín, la antigüedad en su viaje hacia el futuro. Sienta la hospitalidad del pueblo Totonaco.
Este día Veracruz se viste de calidez, tradición, costumbres, legados y riquezas. Los rostros indígenas transmiten la emoción al observar
con orgullo a sus voladores de Papantla.
Qué aromas despiden la vainilla, las yerbas medicinales, el copal.
–Pase. Hágase una limpia. La cooperación es voluntaria.
Y ya los humos se encargan del sucio trabajo de acabar con la maldad.
Dice Tsazná, la mujer con el niño a la espalda.
“Esta fecha para nuestros antepasados fue muy importante pues anunciaba el inicio de la temporada de lluvias, necesarias para la
agricultura. Ellos estudiaron el movimiento del sol entre las constelaciones del zodiaco, lo que ayudaba a los antiguos astrónomos a
determinar qué tan cerca estaba algún solsticio o equinoccio. Ellos nos heredaron toda su sabiduría…”
La zona arqueológica se llena de colores. El movimiento es permanente.
Todos compran y todos venden, se purifican, recuerdan su lugar en el planeta. Se les habla de hacer el bien, de ser mejores hombres, de que la naturaleza es un factor determinante, de la importancia del agua, la tierra y el sol como elementos generadores de vida.
Del tributo de viajar hasta acá.
Euqus: igual, y nox: noche. Equinoccio. El sol hace un recorrido eclíptico sobre la Tierra, cruza el Ecuador y pasa del hemisferio sur
al norte. Y ya: el día y la noche son iguales en todo el mundo, con una duración exacta de 12 horas cada uno.
Gran celebración en El Tajín. Por el amor a la tierra, la veneración a los ancestros, la perpetuación de las leyendas y el infinito asombro por sus piedras susurrantes.
pdg

