Servicio Exterior Mexicano

Juan Carlos Sánchez Magallán

16/01/2013 00:40

Servicio Exterior Mexicano

La diplomacia es la ciencia de los intereses, negocios y relaciones oficiales entre naciones. A saber los actores diplomáticos del país: canciller, embajadores, ministros, consejeros, secretarios, agregados, cónsules, delegados, encargados, etcétera, son responsables de la política exterior mexicana. Deben ser cultos, sensibles, corteses, sagaces, discretos, prudentes y hábiles en las relaciones políticas, sociales, culturales y económicas con las naciones donde se les asigna la encomienda de representar a nuestro país.

Los liberales mexicanos del siglo XIX escribieron y plasmaron en la Constitución mexicana los ejes rectores de la política exterior mexicana. Ésta siempre se ha distinguido por su alto grado de respeto a la soberanía de los estados-nación de todo el mundo. La libre autodeterminación de los pueblos para darse el tipo de gobierno que elijan, con pleno respeto a los derechos humanos, a cambio sólo se exige reciprocidad.

Nuestra historia está plagada de conflictos con otros países: la Colonia, la Independencia, la Reforma, la Revolución, el desarrollo estabilizador y el modernismo registran eventos bélicos, asonadas, asesinatos de políticos que han provocado que la diplomacia tenga un rol importante para bien del país o lo contrario. Así, tratados y convenciones internacionales suscritos constriñen y obligan al Estado mexicano a hacer nuestro lo ahí estipulado; acuerdos, contratos y convenios con organismos financieros internacionales requieren del conocimiento jurídico y financiero de quienes suscriben a nombre y representación del país. De ahí la importancia de los agentes diplomáticos acreditados en el Servicio Exterior Mexicano.

En 1822 comenzó a reglamentarse el servicio civil de carrera más antiguo del país, se creó un cuerpo colegiado y permanente del Servicio Exterior Mexicano reconocido en la ley de la materia que integra a servidores públicos especializados en la diplomacia y los temas internacionales.

El asunto es que existen mil 580 plazas y desde 1980 no se han incrementado por no autorizarlo la SHCP, provocando la contratación de personajes ajenos a la diplomacia.

Ejemplos sobran de políticos incómodos que destierran y otros que premian nombrándolos embajadores sin tener conocimiento alguno en estos temas. Recuerdo a Santiago Roel, siendo canciller, les decía en su oficina a sus muchachos, “no se les olvide, los de aquí son de carrera y nosotros somos a la carrera”, para incentivarlos en el cumplimiento de sus deberes.

Patricia Espinosa, ex canciller (de carrera) criticada por su tibieza frente a asuntos de la agenda bilateral con Estados Unidos y no haber hecho nada por el SEM, en un concurso de ascenso de diez plazas para ministros, favoreció a cinco con nombramientos políticos, incluido su asistente Raúl Heredia con rango de embajador.

José Antonio Meade, nuevo canciller, conocedor de temas financieros, joven y talentoso, recibió la instrucción del presidente Enrique Peña Nieto de resolver la asignación de nuevas plazas para el personal de carrera que labora en las 150 representaciones que existen en los 176 países con los que mantenemos relaciones diplomáticas. El presidente Peña, en reunión con el cuerpo diplomático, solicitó que sean agentes de comercio y las inversiones recíprocas, difundiendo lo mejor de México, aseguró, el país seguirá en el libre mercado, pero con un gran sentido social. Bien por el Presidente. ¿O no, estimado lector?

                *Abogado y político

                jcsanchezmagallan@hotmail.com

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