Elba Strikes Back
Carlos Ornelas
Las camarillas, encabezadas por la que capitanea Elba Esther Gordillo, así como las disidentes de Oaxaca, Michoacán y otras entidades, tienen un incentivo poderoso para mantenerse en lucha, es mucho lo que pueden perder. 16/01/2013 00:45
“El que porfía, mata venado”, reza un refrán. La contienda por la educación será la marca de 2013, pienso. Este año veremos si el gobierno persevera en sus ánimos de reforma o si el chantaje y las amenazas que manda la camarilla dominante en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) le marcará un alto. Hasta hoy los abogados de la reforma llevan la iniciativa, de todas partes reciben apoyos y, a juzgar por las acciones de información emprendidas por la SEP y los partidos políticos que firmaron el Pacto por México, no la quieren perder.
Empero, las camarillas sindicales no están maniatadas. Tienen a su servicio una organización de alcance nacional que llega a cada escuela de educación básica del país, recursos económicos abundantes y experiencia para poner en acción a maestros y a padres de familia, en especial en regiones marginadas. Hoy, esa movilización no es para apoyar a un candidato o para empujar un programa; es una lucha para preservar sus canonjías.
Las camarillas, encabezadas por la que capitanea Elba Esther Gordillo, así como las disidentes de Oaxaca, Michoacán y otras entidades, tienen un incentivo poderoso para mantenerse en lucha, es mucho lo que pueden perder. La reforma constitucional les quitará el control de las plazas y temen que, por la presión social, en las leyes reglamentarias les arranquen más privilegios. Por ejemplo, con el padrón de maestros que demanda Mexicanos Primero se podría descubrir dónde se esconden los comisionados políticos (que son quienes encabezan las movilizaciones que ya comenzaron en el norte); o, si se deroga el Reglamento de las condiciones generales de trabajo de la SEP, que exige la Coalición Ciudadana por la Educación, sería el acabose del pacto corporativo entre el régimen y el sindicato. Eso es lo que las camarillas del SNTE desean proteger. Y para ello buscan el amparo de la base de maestros.
Mas lo hacen con embustes, buscan engañar a los docentes y sembrar miedo. “Apoyamos la reforma”, dicen; el SNTE siempre ha luchado por elevar la calidad de la educación”, proclaman; “lo que defendemos son los derechos laborales de los maestros; la evaluación amenaza con quitarles sus plazas a quienes no aprueben los exámenes”, difunden. Los dirigentes sindicales mienten con descaro, el pudor no se les da. Además, quieren hacer negocio.
En algunas partes, el tsunami del SNTE (la frase es de una maestra de Ciudad Juárez) llega al centro de trabajo con formatos listos para que los maestros los firmen, otorguen una fotocopia de su credencial de elector y les piden dinero para promover el amparo contra la reforma laboral o contra la reforma educativa, ni siquiera se ponen bien de acuerdo.
Pero sí se nota que hay una estrategia nacional, la Jornada Nacional por la Defensa de la Escuela Pública y sus Maestros. Los delegados del Comité Ejecutivo Nacional (puros comisionados) andan dinámicos, convocan a reuniones, diseñan acciones, prometen recompensas a quienes se porten bien, intimidan a los tibios o desafían a quienes no están de acuerdo con ellos. Es una campaña en forma que crecerá en intensidad conforme pasen las semanas.
La respuesta del otro lado fue para no perder el impulso: spots por radio y televisión, desplegados en los periódicos y mensajes a los docentes; el Presidente mismo comanda a la guarnición y, sin perder la sonrisa, da a entender que tampoco está esposado. El presidente Peña Nieto no lanza amenazas ni insinúa que utilizará el poder del Estado para conseguir sus fines; lo que me conduce a pensar que está dispuesto a hacerlo.
No soy aficionado a la fiesta brava, pero mi amigo, El Maestro, algo sabe de eso. Me dice que cuando pican al toro es para que se llene de coraje y embista con más ahínco y furia. Él piensa que las movilizaciones que organiza la señora Gordillo son como las picas a los toros. Pero le fallará el cálculo. El toro embravecerá y, además, enojará a toda la manada.
Esa es una visión optimista; mi amigo piensa que el gobierno primero (y el Estado después) retomará la rectoría de la educación. Esperaré a que los hechos hablen para ver si el gobierno porfía. La respuesta al SNTE y las acciones por venir nos dirán de qué está hecho el presidente Peña Nieto. De lo que estoy convencido es de que este año no será de indiferencias; todo mundo tendrá que definirse.
*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana
Carlos.Ornelas10@gmail.com
