Manuel Álvarez Bravo: más allá de sus fotos

El Museo del Palacio de Bellas Artes inaugurará una muestra que reúne los objetos personales del artista

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16/11/2012 01:31 Sonia Ávila/ Foto: Cortesía Doris Álvarez Heyden

CIUDAD DE MÉXICO, 16 de noviembre.- Entrar al “universo complejo” de Manuel Álvarez Bravo es más que contemplar sus fotografías en blanco y negro. Es saber de sus amistades, de sus maestros, de su poesía, de su acervo de vestigios prehispánicos y de su colección de fotografías de colegas.

Una biografía, pues, de un artista cuya mirada se nutre del conocimiento y la cultura, a decir de Horacio Fernández, historiador de arte, quien encuentra en Álvarez Bravo a un fotógrafo hecho por el entorno artístico del propio México.

“Pensamos que los fotógrafos se componen de la suerte de estar en el momento exacto para hacer la imagen. Evidentemente no es el caso de Álvarez Bravo, a él lo determina el mundo complejo de muchas referencias artísticas”, añade quien ofrece una puerta de entrada a este universo con la exposición Manuel Álvarez Bravo. Una biografía cultural, en homenaje por su décimo aniversario luctuoso (19 octubre)

Sin atender a las anécdotas íntimas, Fernández propone un vistazo al proceso de creación del también Premio Nacional de las Artes (1975) no en el sentido de la técnica sobre sus imágenes, sino qué decisiones convirtieron al artista en uno de los fotógrafos mexicanos de mayor proyección internacional.

Por ello en las salas del Museo del Palacio de Bellas Artes, donde se inaugura el próximo 22 de noviembre, las emblemáticas imágenes del México de los años 30 y 40 se sustituyeron por su biblioteca personal, juguetes artesanales que aún se conservan en su casa de Coyoacán, los catálogos de más de 70 exhibiciones, los grabados y pinturas de sus amigos Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

“Las exposiciones convencionales de fotografía son un discurso de imágenes enmarcadas. Lo que nosotros hicimos fue dar un enfoque que presentara de una manera más rica al autor no sólo desde sus imágenes sino su trayectoria personal porque un artista se constituye por errores y aciertos y en esta muestra podemos ver qué decisiones van formando su estilo”, explica en entrevista el también curador.

Incluso el propio Álvarez Bravo –recuerda Fernández– concebía sus fotografías no como piezas individuales para mirar en aislado, sino como frases que en conjunto ofrecen una narrativa reflexiva del entorno.

En esta narrativa, dividida en cuatro núcleos, se descubre la admiración recíproca entre Paul Strand y Álvarez Bravo; o el interés del fotógrafo por el trabajo de Gabriel Figueroa, Graciela Iturbide y Pablo Ortiz Monasterio.

También su afición por la gráfica de la que coleccionó obras desde Rembrandt, Goya, Toulouse-Lautrec hasta Posada; lo mismo que la pintura de Rufino Tamayo y María Izquierdo.

Igual por primera vez se exhibe una selección de su acervo de piezas prehispánicas y arte popular que reflejan en gran medida su visión de la dualidad entre lo efímero y lo eterno del arte, refiere el curador español.

“Es colección de arqueología y artesanía muy interesante, tenemos vasijas, piedras, objetos cotidianos de la cultura maya y mexica y juguetes antiguos. Para él lo eterno era la arqueología y lo efímero los artesanos.”

Álvarez Bravo también era poeta, afirma Fernández. Él escribió todas las notas al pie de sus fotografías no como descripciones llanas, sino frases en rima que incluso Octavio Paz retomó para hacer el poema Cara al tiempo.

Pero el fotógrafo que ahora integra los acervos de instituciones como el Museo de Arte Moderno de París o el de Arte Moderno de Nueva York transitó por diversos estilos y lenguajes.

“La primera vez que exhibe no es un trabajo real, la segunda es un trabajo frío y evidentemente no es el Álvarez Bravo que conocemos pero la tercera ya es su primera exposición individual en 1932 en la galería Posada y ahí ya se  acerca a lo que conocemos.

“Vemos que está trabajando en varios frentes, la belleza de la técnica, fotos con carga sexual, fotos de un modelo de extrañamiento y fotos callejeras que será su estilo principal. Esto ocurrió cuando tenía 30 años ya con algo de carrera pero aún no se afianzaba”, comenta.

Fue en 1945, con una exposición individual en la Sociedad de Arte Moderno curada por Fernando Gamboa, cuando se descubre al “poeta de la lente” que consigue reconocimiento internacional por hacer de la vida local un asunto de interés mundial.

Para hablar de ello se exhiben las imágenes más reproducidas en revistas, libros, catálogos y carteles, que dan cuenta de la promoción de su obra aún después de su muerte.

“Ahí  yo termino la exposición, en las imágenes ya conocidas y emblemáticas que resultaron de todos  los elementos culturales que presento”, concluye.

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